23 Mar

Daniel Abreu

Escrito por José-Miguel Vila
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Daniel Abreu, Premio nacional de Danza 2014.

Lo que más escucho cuando se va a ver mis espectáculos es “no he entendido nada, pero me ha encantado”.  

  • “Ser empresario y bailarín agota demasiado”
  • “El arte no es una religión”

Bailarín, coreógrafo y director, Daniel Abreu es uno de los creadores más admirados de la danza contemporánea española. Acude con puntualidad británica al café donde nos hemos citado y, probablemente, ninguno de los clientes del establecimiento es consciente de que tiene al lado al PREMIO NACIONAL DE DANZA 2014 en la categoría de Creación por “ser dueño de un lenguaje personal y por la creación de un universo propio sustentado en un código original, innovador y arriesgado, que se evidencia a lo largo de diez años en creaciones como Ojos de pez, Perro, Animal y la más reciente Silencio”.

Esas son las razones que  movieron al jurado del premio a otorgárselo de forma unánime. Yo, sin embargo, le invito a conocer a Daniel, tinerfeño, 38 años, y uno de los coreógrafos españoles más apreciados  internacionalmente, porque es un tipo inteligente, estupendo, entrañable, humano, cordial, sencillo (lo más opuesto a la petulancia que me haya encontrado nunca), con una voluntad de hierro y la mar de entusiasta con todo lo que emprende. Dicho lo cual, no deja de tener los pies en la tierra. Y eso que, como bailarín, vuela un poco más alto que el común de los mortales.

 

J.M.V.- Los últimos datos de la encuesta del CIS sobre hábitos culturales de los españoles no son lo que se dice alentadores. Uno de cada tres  españoles no lee ni un libro al año. El teatro y la danza salen aún peor parados… ¿te atreves a dar una razón que pueda explicar esto?

D.A.- Creo que depende de muchos factores y ninguno de ellos es más importante  que otro. En el caso de la danza, primero es porque se la desconoce. Luego porque los creadores de danza contemporánea hacemos cosas muy malas. También porque hacemos de la danza algo muy poco entendible y la gente se acerca más al cine o al teatro para ver historias concretas con argumentos muy clásicos  (la princesa y el príncipe  se enamoran…).

- ¡Un comienzo muy autocrítico…!

- Sí. Soy muy autocrítico. Cada uno se debe responsabilizar de lo que hace. Es verdad que hay cosas muy buenas que quedan, de alguna manera, nubladas u obsoletas… Si vas a un teatro y te encuentras una obra de danza contemporánea no muy cercana, seguro que no vuelves. Eso lo define todo. Igual que el teatro clásico. Cuando voy al CDN me quiero cortar las venas porque mis inquietudes van mucho más allá… Se ha vendido la idea de que la danza contemporánea es algo  muy narcisista que no se entiende y que, además, no tiene ayudas porque no se las merece…

- Pero tú eres un espejo donde mirarse porque llevas 20 años bailando, has sobrevivido sin apenas subvenciones y el año pasado obtuviste el Premio Nacional de Danza…

- Mi trayectoria, hasta ahora, ha sido muy rica, incluso ascendente. Lo digo en el sentido de hacer muchas previsiones, de equivocarme muchas veces y de acertar otras tantas… Empecé bailando para cuatro, y  ahora llego a tener espectadores que se quedan sin entrada. Eso es un gran éxito para mí. He tratado de ser fiel a lo que podía o sabía hacer, que es la creación, algo nada convencional y  justamente se me ha premiado por eso, por haber creado un lenguaje personal, y eso para mí es un triunfo… La frase que m’as  escucho cuando se va a ver mis espectáculos es “no he entendido nada, pero me ha encantado”, y a mí eso me llena de satisfacción. 

- Acaso porque a ti te interesa llegar a satisfacer más la parte emocional  que la racional de los espectadores, ¿no?

- Siempre digo que yo no hago cosas para la parte izquierda del cerebro, la que racionaliza, ordena todo, es lógica (dos por dos son cuatro, etc.). En mi vida normal  yo soy así, pero en mi vida creativa trato de usar el otro lado, el derecho, que es mucho más intuitivo.

- Sin embargo, tú eres un hombre sistemático, disciplinado, de costumbres      regladas…

 - Sí, en mi parte  cotidiana, si. Pero  en  mi parte artística, que ocupa las 24 horas del día, no. Las dos partes de mi cerebro no se pelean. Llevan así muchos años. La derecha lleva  la vida creativa, y la izquierda la de empresa, para poder ordenar todo.

- ¿Cómo te planteas la creación durante esas 24 horas diarias?

- Echo de menos la posibilidad de poder tener un pensamiento creativo mucho más constante. En los últimos años he dedicado mucho más tiempo al pensamiento empresarial y la obra sale como asfixiada. Me encantaría poder derivar a alguien este aspecto, pero desafortunadamente no he encontrado la figura que pudiera responsabilizarse de esta parte tan necesaria como la creativa para sacar adelante  cualquier espectáculo y una compañía. Compatibilizar ambas facetas llega a hacerse muy cansino… Crear supone estar todo el tiempo con los ojos muy abiertos, recibiendo todo lo que entra sin juicio alguno, y eso es muy difícil cuando está el lado izquierdo muy activo. Cuando uno recibe de manera muy abierta, con todos los sentidos, es capaz de estar en contacto con uno mismo, y luego de derivar, de construir, de transformar  lo que ve o lo que siente. Si uno lo pone en juicio, la transformación ya está hecha y, entonces, no hay nada que hacer.

- Alguna forma habrá de disociar esas dos facetas, digo yo…

- Sí. La autoexplotación. Claro que, en mí, eso ya venía de fábrica. Me exijo mucho y me exploto mucho. Si me denunciara a la Inspección de Trabajo, seguro que iría a la cárcel (Risas…).

- He visto en alguna entrevista tuya que en tu actividad creativa, al principio, te movían mucho las apariencias, pero que ahora sus motores son el deseo y la necesidad. ¿Es esa una evolución natural o fortuita?

- Siempre inicio la creación de forma muy abierta, nunca me planteo su temática. Es cierto que mis primeras obras se movían mucho por la temática de las apariencias, de mostrar una imagen que no se correspondía con lo que dé pero, poco a poco, eso se ha ido transformando. Después hubieron obras más basadas en el deseo (esa persona que contacta con su auténtico yo y que mira más sus deseos); después, me moví más por la idea de la lucha por todo, probablemente   movido por esta situación personal que comentaba antes de aprender a convivir   con la empresa y la creatividad… Mis  últimos trabajos están, sin embargo, más basados en la  rendición, como muy bien dijo Mercedes López Caballero en una crítica que hizo sobre una de mis últimas producciones… sobre el “¡qué más  da!”  Mi visión es decir ¿cómo que qué más da? Esto ha tenido un sentido… De aquí en adelante, mis próximas creaciones no sé muy bien qué camino tomarán.

- Teniendo en cuenta tu carácter autocrítico, de autoexigencia extrema, lo mismo acabas por no hacer nada. Esa actitud es muy peligrosa…

- Sé que esa es una posibilidad. He trabajado así durante mucho tiempo y lo reconozco ahora. Y precisamente por haberlo reconocido, ahora me cansa estar tanto tiempo en tela de juicio. Pero, al mismo tiempo, me pregunto qué creador no la tiene, qué creador no es inseguro, no se enfrenta con un sinfín de dudas ante su propio proceso casi hasta el punto de desangrarse.  He visto estos días ‘Birdman’, la película de González  Iñarritu premiada este año con un Óscar, y en ella se plantea cómo una estrella decide apostar como actor, director, empresario…, y llega a poner en riesgo su propia persona con el fin de poder sacar adelante una obra. Toda la gente  que conozco y con la que he trabajado en este mundo de la creación, se desvive por hacerlo bien. Si no tuviéramos ese espíritu crítico, no nos dedicaríamos a esto. Es más,  en  la formación para la  danza, desde el primer día que te agarras a una barra, siempre vas a escuchar “bien, mal, sí, no”. Para dedicarte a esto tienes que tener una tolerancia a la frustración muy alta…

- Entonces, mucho me temo que de aquí en adelante serán muy pocos los jóvenes que se decanten por seguir este camino 

- No, cada vez hay más. Pero es verdad que las técnicas de enseñanza se han ido transformando porque es verdad que al abrir la formación a mucha más gente, ha habido que cambiar los modelos porque el de danza clásica tradicional es muy frustrante para el alumnado  actual y ha habido que buscar nuevas vías. En todo caso, en esta profesión no hay más remedio que sudar, que cansarse, que intentar transformar tu cuerpo, controlar los impulsos musculares… todo eso cuesta, no es gratis. Y la  creación, además, implica transformar tu mundo interno y, de alguna forma, universalizarlo para que todo el mundo pueda verse identificado con lo que haces. Eso tampoco es gratis; habrá gente que tenga cierta facilidad para hacerlo pero, aún así, exige esfuerzo.

- Tu caso me resulta paradójico: No sé muy bien si eres un psicólogo   enamorado del movimiento o un bailarín al que le gusta la Psicología

- El orden es al revés. Aunque comencé la carrera y a bailar al mismo tiempo, la  Psicología nunca me llegó a entusiasmar. Ha podido empezar a hacerlo hace solo unos años en que volví a retomar la Psicología, como forma de estudio del comportamiento humano. Quizás justo cuando empiezo a dejar de apasionarme por la danza (ríe sarcástico). La moneda se ha dado la vuelta… Volvemos a lo mismo: el hecho de ser empresario y bailarín agota demasiado.

- Has tenido que hacer un máster acelerado de realismo, ¿verdad?

- Sí, porque tienes que estar con los pies en la tierra para que las cosas puedan salir adelante desde el punto de vista material. El mundo creativo tiene su propia  pelea dentro, pero cuando el mundo material se convierte en un busto, se empeña en devastar en ti esa otra energía creativa, te pone en una posición personal muy en el borde, al lado del precipicio durante todo el tiempo, y te dan ganas de tirar la toalla más de una vez.

Tu modo personal de entender la danza contemporánea, por un lado está muy bien porque te singulariza como creador. Pero, por otro, puede alejarte de los demás porque puede hacerte más difícil de entender. No sé como lo ves tú…

- Mi manera de trabajar con los bailarines parte siempre de quienes son, donde están. Uso mucho… podríamos decir que la Psicología. No es que haga de psicólogo, ni mucho menos, pero sí que me ha dado la capacidad de observar a los bailarines, e intento llevarles a como yo entiendo mi cuerpo, y trasladar esa experiencia al suyo para intentar transformarlo. Ellos ponen mucho de su parte; cada día ponen  toda la carne en el asador. A mí me cuesta escoger a los bailarines porque tengo que ver algo en ellos en lo que yo pueda conectar. Luego, a nivel de público, el tema de poder transmitir el lenguaje o no es todo un misterio. Obviamente no puedo interesar a todo tipo de público, pero sí que hay un público al que interesa lo que hago. Y creo que va creciendo ese interés. Luego, además, pasa otra cosa: determinadas obras, como por ejemplo ‘Perro’, que creé ya en 2006, es  entendida igualmente  aquí, en España, como  en Asia o en Canadá. Probablemente  porque, aunque lo hago desde un lenguaje personal, algo hay en esa obra que conecta con todo tipo de público, independientemente del lugar de donde provenga. Cada vez que lo represento vuelve a nacer la esencia que tenía, una esencia que no se ha desvirtuado. 

- Ya dimos fe de ello (http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/critica-de-teatro/perro/469092) Y ahora, ¿por qué derroteros  transitas? 

- Esa es una obra muy emocional. En las últimas, el trabajo es mucho más físico, mucho más frío, mucho más simbólico. En  ‘Perro’ hay símbolo, pero es un símbolo narrativo… Es un viaje lógico dentro de mi carrera porque, si me hubiera quedado ahí, habría muerto. ‘Perro’ es importante porque es único, dentro de esa idea, pero    cada nueva creación mía es absolutamente distinta a la anterior. Todas, es cierto, tienen un lenguaje personal que el público reconoce ya como de Daniel Abreu, pero intento siempre que las formas, los códigos del cuerpo, intento que se transformen. Cada vez que me enfrento a una obra es un vacío y por eso voy siempre con los ojos muy abiertos, los oídos muy limpios y el cuerpo muy preparado para ver qué puede surgir…

- Pina Bausch, Rigola, sé que son dos de tus colegas más admirados. ¿Tienes también referentes dentro de España?   

- Trabajé muchos años con Carmen Bernes y he mamado mucho de su manera de crear, de su  pedagogía, de su manera de moverse, de modo que ella, aunque no está presente de una forma actual, es la fuente de la que más me he nutrido. También trabajé unos años con Matarile Teatro y se me ha quedado algo de su manera de entender la construcción escénica. Toda la gente con la que he trabajado me ha dejado algo, pero no tengo ningún referente absoluto, no soy persona de seguir a nadie. En general, me gusta seguir a la gente que es muy honesta con lo que está haciendo. 

- La idea de que el arte debe exponerse públicamente para que alcance todo su sentido, es aún más clara en el caso de la danza

- Claro. Además, ¿qué haces si no con una obra de danza? Ni siquiera en un DVD. Yo, por ejemplo, no veo ninguna de mis obras en DVD, no registro el material. Prefiero quedarme con la sensación de lo que he hecho. Porque, entre otras cosas, ese espíritu crítico del que hablábamos antes, probablemente me haría  cargarme todo lo que veo… Puedo ver vídeos cortos, pero no una obra entera. Es que, además, las obras no están hechas para vídeo; el tiempo digital no es lo mismo que el tiempo en escena…

- ¿Cuál crees tú qué es la razón por la que una persona escoge un arte determinado o, viceversa, por qué un arte y no otro escoge a una persona? 

- No lo sé. Lo he pensado muchas veces pero siempre me quedo con la pregunta y no con la respuesta. A veces he ido a ver teatro o danza y ver a un público entusiasmado y yo, sin embargo, me he quedado frío y entonces me pregunto por qué a mí no me ha llegado nada, qué es lo que me he perdido. Y también al revés, cosas que a mí me han emocionado de forma increíble no han llegado a la mayoría. Es todo un misterio.

- En cierto modo, eres un poco Quijote porque haber logrado poner en pie  más de 40 producciones en menos de 20 años y solo unas cuantas  subvencionadas, no es tarea nada fácil…

- No estoy seguro de que sean las subvenciones las que salven a las compañías. Las subvenciones también obligan. Ayudan en la creación, pero también implica que tienes que gastarte el cien por cien de lo que pides. Para poder acceder a una parte pequeña que te va a ayudar a llevar el trabajo adelante, tienes que invertir mucho más dinero que no siempre tienes. En el tema de las subvenciones hay una irrealidad, por lo menos en España. No puedes cubrirlo todo con la subvención por  pura cuestión  legal. Poner un espectáculo en marcha es caro, hay mucha gente detrás…

- Me sorprendí mucho un día al ver una frase puesta en tu  boca: “la belleza hoy es algo prohibido”. ¿Podrías explicarte?

- Estoy intentando recordar el contexto en el que pude haber dicho esa frase y no  sé muy bien… En todo caso, cuando voy a ver un espectáculo, intento descubrir cuáles son los modelos de creación que se repiten y últimamente veía que todo lo que había en escena parece que había que romperlo, que destruirlo. Era una especie de catarsis entre lo material y lo emocional... Recuerdo que cuando presenté  ‘Animal’  me decían que había que  romper o quemar los árboles, que no pasaba nada por eso. Yo preguntaba por qué, qué problema había si se mantenían los árboles ahí colgados. Nosotros nos vamos a morir pero los árboles nos van a sobrevivir. Morirán mucho más tarde o se acabarán transformando en una silla o en un escenario y también así seguirán siendo mucho más perdurables que nosotros. Seguramente esa frase que me citas estaría en relación a esta idea.

- ‘Espera’ fue tu primer trabajo coreográfico. Toda una presunción. ¿Vence quien sabe esperar?

- Conscientemente entonces yo no tenía necesidad de llegar a ningún sitio. En todo caso, sí de poder vivir de aquello. Yo intentaba audicionar para compañías en el extranjero y no me cogían. Eso me llevó a empezar a crear trabajos y el hecho de hacerlos, de buscar, de estar presente y de que El canto de la cabra me permitiera  estar unas semanas para poder presentar allí mi trabajo, fue un super regalo. Ni entonces ni ahora pretendo mucho más. Ahora quiero sencillamente poder seguir haciendo producciones con tranquilidad, que me llamen de cualquier parte del mundo para presentar mi trabajo y que no tenga que estar peleándome para conseguir el dinero y poder ir. Te llaman de Canadá, por ejemplo, y tener que estar inventando mil estrategias para poder ir no tiene mucho sentido, además de que es muy triste.  Tanto entonces, con ‘Espera’, como ahora, lo importante es poder seguir viviendo del trabajo. Con tranquilidad. Yo me autoexploto mucho dando muchos talleres, coreografiando para no sé quién, dando clases y demás, para poder subvencionar a la compañía. No es solo el Ministerio o la Comunidad, yo también estoy subvencionando a la compañía y llega un momento en que, estando ya mayor, me pregunto a veces qué sentido tiene porque igual haciendo el mismo trabajo me  subvenciono todo para mí , y lo mismo puedo permitirme coger menos trabajos o tomar alguna vez vacaciones o dejar de hacerlo algún día a la semana.

- ¿Qué pensarás el día que alguien diga de ti que eres un ‘clásico’ de la danza?

- No me lo he planteado. Pero bueno, la concesión del Premio Nacional de Danza sí que ha movido algo en mi vida. Por ejemplo, hasta hace poco, seguían hablando de mí como el ‘joven coreógrafo’. Me preguntaba que cómo seguían llamándome   aún joven después de tantas y tantas coreografías a lo largo de tantos años… Al menos con el premio ya ha desaparecido lo de ‘joven’. Por el contrario, tras la concesión, he sentido también cómo en algunos sitios donde he trabajado, una parte del público se acercaba primero para ver quién era, y luego para comprobar si me merecía o no ese premio. Eso es muy cruel porque yo pensaba que eso de la envidia en España se había terminado. Hay gente muy  grande, que ha hecho cosas  muy buenas en nuestro país y que, sin embargo, solo puede aspirar a seguir sobreviviendo (Carmen Bernes, que ya he citado antes, es una de ellas). Ese es el destino que parece que también me va a tocar a mí si las cosas no cambian.

- ¿Para ti el arte es un destino, una vocación, un sufrimiento…?

- Cuando uno tiene las necesidades básicas cubiertas, uno utiliza el cuerpo para alimentar el alma y eso se logra a través del arte, ya sea creando o alimentándose de él.

- ¿El arte es, entonces, tu religión?

- No, no soy tan profundo. De hecho, no consumo tanto arte como parece. El arte no es una religión. Es una manera de llegar a esa espiritualidad  que nos hace diferenciarnos de otros animales.

- ¿Te consideras un elegido?

- No. Me considero un privilegiado por poder trabajar en lo que me gusta, por poder comer de mi profesión y decir que bailo, por poder ser respetado, pero un elegido,  para nada.

- Tu familia, tu entorno social en el pueblo tinerfeño que te vio nacer, no te lo puso muy fácil de primeras. Después de este máximo reconocimiento, ¿qué piensa?

- En mi entorno familiar no hay nadie artista, no hay ningún empuje, ningún interés y, de pronto, un hijo dice que quiere estudiar Danza, que  va a ser bailarín, le acaban de dar un premio y que se va a Madrid a bailar. Eso, al menos, descoloca un poco, ¿no?, más aún cuando nadie tiene referencias de que se pueda vivir de esto. Lo menos que pueden hacer en tu familia es preocuparse... Con los años, mis padres -mi familia, en general- han visto que he sabido salir adelante, que he obtenido el máximo reconocimiento que se puede obtener en el mundo de la danza  y creo que deben de estar muy orgullosos de ello, de que su hijo cabezón se lo propuso  y lo consiguió. Entiendo perfectamente esa parte del descontento y también la de la sorpresa final. Y en el entorno social, pasa un poco lo mismo. Este año pasado fuimos a bailar a Tenerife en Navidad, al Teatro Guimerá y hubo que retrasar más de media hora la función porque en taquilla no daban abasto. No solo se llenó el teatro, sino que se desbordó y, además, al final todo el público se puso de pie para aplaudirme… Me tuve que disociar porque todo eso para mí era demasiado… Viéndolo ahora desde la distancia, yo creo que se estaba aplaudiendo  al esfuerzo de haber sabido poner la fuerza interna de cada uno al servicio de una idea. Si uno quiere, se puede llegar. Eso es lo que la gente estaba aplaudiendo, al margen de lo que les llegara la obra que habían ido a ver; era todo eso…

 Al hombre, a  Daniel Abreu ya lo conoce un poco. Si aún no conoce al bailarín, coreógrafo y director, no pierda ni un segundo más. En su web  (http://danielabreu.com/?page_id=3302) puede encontrar  algunos vídeos  y el calendario de todas sus actuaciones.