09 Feb

Kiti Manver

Escrito por José-Miguel Vila
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 Hay que buscar siempre el equilibrio entre el ego y la humildad

Lo hemos dicho ya, "Kiti Mánver, actriz, es de otro planeta, el reservado a los dioses de la escena. En la obra que ahora pasea por los escenarios españoles -'Las heridas del viento', de Juan Carlos Rubio-, dos minutos después de aparecer en escena con una peluca rubia y con unas kilométricas pestañas postizas y rojo carmín en los labios, se va despojando lentamente de peluca, pestañas y carmín, al tiempo que se ajusta chaqueta, pantalones, zapatos varoniles y corbata, para transformarse, ante los atónitos ojos de los espectadores, en todo un hombre, Juan"

Su verdadero nombre, el que figura en su carnet de identidad (Antequera, Málaga, 1953), es María Isabel Ana Mantecón Vernalte pero ha sido Kiti Mánver desde que, muy jovencita, comenzó a trabajar profesionalmente como actriz. La cosa viene de lejos: Fueron sus hermanos mellizos quienes, cuando tenían apenas un año, los que comenzaron a llamar a la chiquitita que acababa de nacer 'Quitita'. Más adelante se convirtió en 'Quiti'. La unión de las dos primeras mitades de sus apellidos comenzó usándola Víctor, su hermano pintor para firmar sus trabajos y quedó Mánver. El cambio de la Q por la K, fue simultáneo con sus comienzos como actriz, y "el acento se lo debo al escritor y periodista Bernardo Romero".

Desde entonces, como ella misma confiesa en su web oficial, la han llamado de mil formas distintas: Kitty, Keta, Kety, Kati, Kity, Viqui, Kiwi, Kota, Kiteria, Kitona, Katalina, Kiki, Dite, Mamber, Mambo, Kambel, Namber, Manverosa, Mamberg, Mansfield, La Mánver, El gato de una actriz también se llama Kiti Mánver, Kitis Miquis y su preferido "según el portero de la Casa de Cultura de Isla Cristina en Huelva: ¡Mimí Gamba!".

Y entre unas cosas y otras, estudios de interpretación, escenografía, iluminación y técnicas teatrales, danza clásica, expresión corporal, acrobacia y mimo, voz, canto y verso, música y guitarra. Y, al mismo tiempo, su participación en muchos títulos históricos del cine español, en series de televisión y en montajes teatrales inolvidables. Recordemos, por ejemplo, que comenzó a hacer cine en 1973 'Habla mudita', y consiguió el Goya a la mejor actriz de reparto 1991 por su actuación en 'Todo por lapasta', de Enrique Urbizu, pero en sus más de 40 años de carrera ha trabajado, entre otros directores, con Pedro Almodóvar, Manuel Gutiérrez Aragón, José Luis Garci, Alex de la Iglesia, José Luis García Sánchez o Manuel Gómez Pereira. Y en teatro, entre muchas otras, ha participado como actriz en obras como 'Equus' (1975), 'Hijos de un dios menor' (1981), 'Seis personajes en busca de autor' (1982), 'Bodas de sangre' (1985), 'Sueño de una noche de verano' (1987), '¡Ay Carmela!' (1988), 'Divinas palabras' (1998), 'Humo' (2007). o 'Las heridas del viento' (2014)... Y es que 61 años dan mucho de sí.

J.M.V.- ¿Qué dosis hay de pasión y de cerebro en el temblor de cada día de un actor por atrapar con palabras algo tan difícilmente expresable como el amor, la rabia, el dolor, la frustración...?

K.M.- Las vocaciones empiezan siempre con un impulso interno bastante pasional, que luego es necesario equilibrarlo con cerebro. Yo trato de equilibrar la cabeza con los sentimientos, con la pasión por el trabajo para que todo esto pueda llevar a unos resultados más sensatos...

 ¿Recuerdas la primera vez que saliste a escena?, ¿qué sentiste?La verdad es que yo he pisado escenarios desde niña, desde que iba al colegio, y esto para mí es algo natural. Actuar es algo natural para mí, siento que es donde debo estar. No veía esa actividad como un juego, sino como una extensión de mi personalidad. Cuando tenía tres años, una de las veces que iba con mi madre, me asomé a una academia de baile y recuerdo con la misma fuerza ese revolero de faldas, la música que sonaba, y todo eso. Me impresionó de verdad.

Desde entonces hasta hoy, cine, teatro, musicales... pero, ¿qué es lo mejor y lo peor de cada uno de ellos para una actriz o un actor?

Yo he aceptado que este es un oficio difícil en el que subes y bajas, de pronto estás y de pronto desapareces, en el que tienes que inventarte una producción porque te encuentras en un momento en el que te llaman menos. Hace ya muchos años que veo todo esto como algo normal en esta profesión. Por otra parte, tengo la sensación de que soy una persona privilegiada, por un lado, y que tampoco lo tengo tan fácil, por otro. Todo esto forma parte de la vida del actor. En todo caso, me quedo más con la parte buena, y no hago diferencias entre los medios en donde desarrollo mi profesión, cine, teatro, televisión, en donde únicamente hay diferencias de tipo técnico, y en donde solo debes tener en cuenta el matiz que debes aportar en función del medio en el que estés. La parte mala es que, un buen día, pueden recogerte a las tres de la tarde, tienes que estar trabajando hasta las cinco de la madrugada y de pronto puedes tener que tumbarte extenuada en una acera (en Móstoles, Madrid, me pasó el otro día), en plena madrugada, con un frío que pela... Todas estas cosas forman parte de mi oficio y las acepto. Pero soy muy consciente de que tampoco estamos en la mina cavando...

Una película, una obra de teatro, un director que te hayan marcado

Soy muy poco mitómana, pero hay muchas películas que me encantan. 'To be or not to be', 'Gilda', 'Rebeca'... Me gusta mucho el cine en blanco y negro, especialmente el género policíaco, el cine negro. En color también podría citarte montones, pero, de verdad, que no tengo un actor, actriz o director favorito. Hay mucha gente con cuyo trabajo disfruto. En el teatro hay momentos concretos... Por ejemplo, cuando Miguel Narros me probó para hacer la hijastra en 'Seis personajes en busca de autor', de Pirandello, gracias a él conseguí dar un paso enorme hacia la mayoría de edad en mi trabajo, en saber tirarme a la piscina, en conseguir que lo que estaba en mi cabeza consiguiera pasarlo a la acción y que así no se quedara sin poder salir afuera por timidez, o por no haberlo sabido sacar fuera. Miguel Narros fue definitivo para mí. Pero, luego, en cine he tenido gente muy importante, como Enrique Urbizu, que me hizo cambiar totalmente mi forma de relacionarme con los directores, de ser más flexible y saber modificar el paquetito que yo llevaba ya armado, estudiado, con todo atado y bien atado después de haberme aprendido el papel. Quizás entonces tenía un celo excesivo y Urbizu me llevó hacia un camino más abierto. Fue en la película 'Todo por la pasta'. Entonces Enrique era muy joven, mucho más que yo, y supo hacerme cambiar el concepto. Y a aprender que hay que saber que el director cuente lo que quiere contar, pero a través de ti.

¿Podrías citarme algunas personas que te hayan impresionado especialmente?  

Tuve cerca a una mujer, María Ignacia Magariños, hija del entonces director del Ramiro de Maeztu, que siempre me enseñó mucho, me guió para saber distinguir cosas en el ámbito político. Pero, en general, he tenido siempre una gran suerte, al rodearme de compañeros y gente mucho más mayor que yo, como Mayrata O'Wisiedo, Alicia Hermida, y muchos otros, que han sido siempre muy generosos conmigo, y me han enseñado todo lo que sabían. O también Jorge Fresno, que fue mi profesor de música. El mismo Carlos Hipólito es una persona extraordinaria, que solo con verlo comportarse, da lecciones inolvidables. O Juan Carlos Rubio, con el que llevo trabajando desde hace 10 años, me emociona mucho su manera de trabajar, de forma incansable, tan llena de amor, de saber decir las cosas bien, con mucha clase, con mucha elegancia... He tenido siempre mucha gente alrededor muy buena, que me ha dado mucho.  

De no haber sido actriz, ¿qué otro oficio podrías haber desempeñado? 

En mi adolescencia yo era una niña muy adelantada, incluso iba un curso por delante al que me correspondía por edad. Pero, cuando a los 14 años me vine a Madrid, desde Melilla, que es donde vivía con mis padres, hubo un choque de planetas y me volví muy vaga, muy golfa, hasta el punto que dejé de estudiar y me puse a trabajar -cosa, por otra parte, relativamente normal en esa época- . Creo que hubiera sido una gran cocinera. Me encanta cocinar y, de hecho, cuando estudio y el texto ya voy a ponerlo en mi boca, me dedico a cocinar muchas cosas a la vez, que luego congelo, porque el ejercicio de cocinar, cortar, oler, medir, pesar, ajustar el fuego, sazonar..., todo eso, mientras estás grabando un texto en tu cabeza, te dispara las alertas a mil y es un trabajo de disociación estupendo para nuestro trabajo... Pero yo he desarrollado muchos más trabajos y soy defensora de la idea de los actores todo terreno, vamos, que si no tienes una cosa, no pierdas el tiempo y aprende a hacer otras: coser, producir, cargar y descargar, conducir una furgoneta, montar y desmontar... Hay que producir para aprender a mirar desde todos los puntos de vista como es de verdad esta profesión, cosa que te permite más fácilmente ponerte en el lugar del otro. En una profesión como la nuestra, de equipo, cuanto más sepas del trabajo del otro, más posibilidades tienes de formar un buen equipo.

¿Qué momento te parece que atraviesa, en estos momentos, el cine y el teatro en España?

En cuanto a creatividad, en un momento extraordinario. España rebosa creatividad, tenemos talentos extraordinarios y en todos los campos (música, pintura, escritura, interpretación, escultura...). Somos un país muy rico en talentos, siempre lo hemos sido. En teatro, la proliferación de las salas off está bien para que surjan nuevos talentos, pero la fórmula es un engañabobos porque no da ni para pipas. Y eso que yo te hablo de un espectáculo como 'Las heridas del viento', que llena a diario, y del que, además de actriz, soy productora... Y si hablamos de cine, los jóvenes ahora necesitan 3, 4 o 5 años para llevar adelante un proyecto de corto, tienen que empeñarse hasta arriba, porque no existen prácticamente subvenciones y creo que seguiremos en esta situación mientras que siga el disparate del 21 por ciento de IVA y las ayudas sigan brillando por su ausencia, cuando este sector no se ha llevado ni un euro que no nos corresponda... Un país que no cuida su cultura, su educación, tiene muy pocas posibilidades de salir hacia adelante.

¿Qué lugar ocupa la disciplina y cuál la improvisación en cualquier actividad humana, y en especial en el arte?

La disciplina es esencial en nuestra profesión. Hay decenas de técnicas para aprender a interpretar, a utilizar la voz o el cuerpo (danza, expresión corporal, deporte, montar a caballo, esgrima...), que un actor o una actriz puede y debe hacer para estar en el mejor estado físico para que, cuando estés en el escenario, no te pesen los pies o el culo. La disciplina es fundamental. Por otra parte, está el estudio, el manejo de la cabeza, a la hora de aprenderte un papel de un personaje, lo que te obliga a conocer aspectos de actividades la mar de variadas (médicos, prostitutas, monjas, asesinos, taxistas...), de modo que es esencial la disciplina. Luego, la improvisación puedes utilizarla solo en la medida en que seas disciplinada. Las improvisaciones, sin trabajo previo, no dan nunca buen resultado.

Y cuál es el mejor camino, ¿el de la experiencia o el del estudio, la tradición de generación en generación, o las escuelas de arte dramático?

Las dos cosas son válidas. Yo empecé trabajando y luego me fui formando. Partí de lo que entonces se llamaba el meritoriaje, que ya te proporcionaba algunos ingresos (creo recordar que mis primeras 400 pesetas las cobré cuando empecé a actuar profesionalmente, con 16 años), que te da ya un cierto bagaje. Ahora sucede algo parecido con los chavales que actúan en las series de televisión, pero luego hay que completar esa experiencia con estudios. En sentido contrario sucede otro tanto; si te formas únicamente en una RESAD (escuela de arte dramático), y sales de ella pensando que ya no tienes nada que aprender, estás muy equivocado. En este oficio, como en todos, hay que estar preparándose y estudiando siempre... Hace cuatro años tuve que afrontar una comedia musical pura y dura, en manos de Ángel Ruiz, y de no haber sido por mis conocimientos de música y unas clases de canto en comedia musical (que también tiene su especificidad), habría sido imposible. En fin, que no se puede dejar de estudiar ni de practicar constantemente.

¿De qué te enorgulleces especialmente y qué te gustaría borrar de tu curriculum como actriz?

Lo de borrar es una tontería porque no sirve para nada. Me acuerdo, por ejemplo, de que en mi época joven yo me negaba a hacer 'destape' y, para colmo, yo estaba representando en ese momento 'Equus', con lo que las revistas te buscaban con mayor ahínco para que posases desnuda. Me seguí negando, hasta que en un momento de vacas flacas, en que no tenía trabajo como actriz y estaba trabajando en un bingo, vino un ayudante de dirección que era mi amiguete y me dijo que había una sesión en la que, por posar enseñando las tetas, me iban a pagar más de lo que yo ganaba en un mes de trabajo en el bingo (por cierto, que tengo esa sesión colgada en mi web como mi modesta aportación al 'destape' español). Seguí negándome hasta que me dijo "pero si esta peli no la va a ver nadie". ¡Joder, que no la iba a ver nadie! No solo la ha visto todo el mundo que me conoce y que viene a decírmelo, sino que incluso, hace unos meses, Eduardo Galán, que hizo un documental sobre el destape en España, ha tenido que incluir también esa secuencia... Borrar eso, ¿de qué me sirve? Lo hice y ya está. Lo hice por no estar alejada de esta profesión. Allí empecé a espabilar, a entender que era mejor juntarse con gente y producir nosotros nuestros propios espectáculos. Y, respecto a lo que me enorgullece, puedo decir que, aunque nunca he sido una estrella relumbrona en el cine o en el teatro, estoy más que orgullosa de haber tenido siempre unos papeles de ensueño, que la gente recuerda siempre ('¡Ay, Carmela!', la obra que cité de Miguel Narros, la novia en 'Bodas de Sangre', 'Un matrimonio de Boston'...). 

¿Hay algo que pueda hacer que te desmorones en algún momento?

Personalmente tuve un bajón tremendo cuando enviudé, cuando perdí a mi pareja, pero tengo la fortuna de que esta profesión te ayuda muchísimo a superar cualquier bache. Tengo un carácter muy positivo y, además, como no se me caen los anillos de tener que hacer cualquier otro tipo de cosas, soy incapaz de quedarme esperando a ver si me llaman para hacer algo... Cuando alguna vez un crítico me pone mal, no creas que me hundo por eso. Hay que hacerse fuerte y está bien que, de vez en cuando, te recuerden que no eres un ser especial...

¿Tuviste un mal día o ese mal día lo tuvo el crítico?

Eso entra ya en el campo de los matices. Fue en Pamplona y, aunque un crítico tiene todo el derecho a opinar, en su crítica obviaba que el Teatro Gayarre, que es donde representábamos ese día 'Las heridas del viento', estaba hasta la bandera y el público aplaudió a rabiar, de pié y emocionadísimo. Es su criterio y hay que aceptarlo y, como digo, está bien de vez en cuando para decirte '¡no te lo creas tanto, guapa!'.

¿Prefieres el éxito o la fama?

¡Qué mal visto está eso de ser famoso ahora! El éxito, un premio por ejemplo, está muy bien porque te da un buen subidón de la autoestima, pero no se te puede subir a la cabeza porque te puedes dar un buen trompazo. Hay que buscar siempre ese equilibrio entre el ego y la humildad. Creérselo mucho es peligroso. Hay que hacer todos los días la función como Dios manda.

¿La cultura es de izquierdas o es de derechas? 

La cultura es la cultura. Es verdad que la gente que se ocupa de ella tiene una tendencia general a ocuparse del ser humano, de lo social. Si estuviéramos tan metidos en nuestro mundo ideal y no viésemos lo que pasa en la calle, le faltaría algo. Hoy, en todo caso, no se distingue muy bien donde está el límite entre esas dos palabras, izquierda y derecha Es más fácil distinguir entre pobres y ricos. Hay muchos pobres que son de derechas y algunos ricos -menos, claro está- que son de izquierdas. Haberlos, haylos.