07 Jul

Antonio Bonet Real

Escrito por José-Miguel Vila
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Si no existiese el arte, dejaríamos de ser profundamente humanos.

Catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, vicerrector, conferenciante, crítico, erudito, investigador, comisario de grandísimas exposiciones y académico, Antonio Bonet Correa (La Coruña, 1925) es, sobre todo, un eminente historiador del arte. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF), fundada en 1752, Lleva vinculado a esta institución desde que en 1986 fuera elegido para ocupar el puesto de académico que dejó vacante Enrique Lafuente. Es director de la RABASF desde 2008 y, por tanto, máximo responsable de una institución compuesta por cincuenta y seis académicos de número, todos ellos personalidades de extraordinario prestigio en los campos de la arquitectura, pintura, escultura, música, cine, arte gráfico, fotografía, diseño e historia y teoría del arte.

Bonet no ha estado ajeno a la actividad política, sobre todo, en las postrimerías del régimen de Franco y en los primeros años de la democracia. Estuvo ligado a la Junta Democrática , pasó por la cárcel de Carabanchel , y hasta hizo política en su época universitaria, "porque era lo que tocaba hacer "-según nos confiesa- pero nunca por vocación, ni con ánimo de hacer carrera porque, de otra forma, la habría seguido.


Con Antonio Bonet hablamos de las clásicas Bellas Artes, pero también de las nuevas y no tan nuevas (fotografía, cine, grafiti, toreo, danza ...) para conocer como contempla un académico el panorama cultural que hoy se vive en España.

J.M.V.-: ¿La libertad es una premisa imprescindible para el desarrollo y florecimiento de la cultura en una sociedad, o no necesariamente?


A.B.-: Es una buena forma de comenzar la entrevista. Quizás no esté usted en un error al suponer que no siempre la libertad traiga aparejada consigo un mayor interés cultural. Los hombres y mujeres que hemos vivido dentro de la cultura, esperábamos mucha más expansión de la que realmente se ha producido en España en estos últimos decenios. Con esto no estoy negando, ni mucho menos, la democracia, pero es cierto que la evolución de la sociedad española, que ha propiciado la corrupción en muchos aspectos (pelotazos incluidos) ha perjudicado muchísimo a la verdadera democracia. Es indudable que, a veces, la represión política no influye sobre la cultura y, en cambio, la extrema libertad puede hacerlo negativamente. No sé si es que la cultura necesita reaccionar frente a algo para revitalizarse...


P.-: Por ejemplo, frente a Franco...

R.-: La gente de mi edad hemos vivido desde niños una España con muchas contradicciones. Mi primer recuerdo histórico es la caída de la monarquía española, cuando apenas tenía 6 años. Se generó entonces una verdadera esperanza de surgimiento de las vanguardias, que ya venían de la Edad de Plata, y que se pensaba que crecerían con verdadera fuerza con la República. Aunque se hicieron muchas cosas con el cambio de régimen, la cosa acabó tan mal desde el punto de vista de la sociedad civil, que desembocó en ese retroceso inmenso que constituyó la época franquista. De esa época nos quedó una ilusión muy fuerte por cambiar el mundo. Hablo desde el punto de vista de aquellos que no comulgábamos con el régimen de Franco que, además, pasamos momentos muy duros. Yo estuve durante 8 años en París (hasta 1957) en esos momentos, y cuando volví a España me encontré con unas dificultades enormes en el ámbito universitario. Entonces ser universitario era poco menos que ocupar el peldaño más bajo de la escala profesional, y casi de la social. Recuerdo que los franceses, cuando supieron que quería venirme a España, cuando estaba en la universidad francesa, sabiendo que es lo que iba a cobrar en la española, no lo entendían. Menos aún, cuando yo tenía la oportunidad de adoptar la nacionalidad francesa, porque así me lo habían pedido.... Luego vivimos la época de la transición, que también fue dura al principio. Los que desarrollábamos una intensa actividad intelectual, aunque no la interrumpimos, la vida política nos llevó, incluso, a descuidar las investigaciones en las que estábamos embarcados, porque había que seguir los acontecimientos muy de cerca. Hemos vivido cambios muy fuertes en poco tiempo desde un punto de vista histórico: pasamos, por ejemplo, de una España que dejó de ser agrícola para convertirse en un país de servicios, abierto al turismo y con una fuerte emigración de la población rural hacia los núcleos urbanos; al progresivo acceso de las clases sociales a bienes que , hasta entonces, le habían estado vedados ; al predominio de la vida política sobre la vida cultural ; al auge económico , que solo se ha debilitado con la llegada de la crisis económica y los recortes presupuestarios...


P.- Recortes que, supongo, habrán traspasado también las puertas de la RABASF, ¿no?

R.-: Si, claro. Las dificultades económicas han llegado también a esta institución. Lejos de lo que pueda pensarse, por ejemplo, mi salario como presidente de la RABASF es muy escaso, incluso ridículo. Si se compara con lo que puede ganar ,por ejemplo , un alcalde de cualquier pueblo pequeño .Esta no es una excepción porque hay colegios profesionales que , hasta hace unos años, pagaban muy bien la inserción de artículos en su revista, o las conferencias que se dictaban en su sede y , a título personal y como modesto ejemplo, no he cobrado aún alguna colaboración en un colegio profesional determinado desde hace más de dos años. He cobrado puntualmente, sin embargo, otro artículo científico relacionado con el urbanismo en el mundo, que me pidieron de una revista técnica, dependiente del Ministerio de Fomento. Lo sintomático es el valor que se da en España a la cultura porque ese artículo se pagó exactamente con 120 ? , y no se trataba de un artículo a vuelapluma que uno puede escribir en unos minutos, sino que exigía mucha experiencia, mucho criterio y bastantes horas de bibliotecas. Esto denota únicamente el valor que se da en España a la cultura...


P.-: Si esto es así en entidades y organismos, ¡qué no será en ámbitos menos ilustrados!

R.-: Desde la RABASF he visto muchas veces como buena parte de los profesionales (registradores de la propiedad, médicos o economistas distinguidos, por ejemplo) no conocen esta Academia, no saben lo que es, y ni siquiera conocen el museo. Ahora tenemos encuentros frecuentes con diversos grupos de profesionales porque alquilamos el salón de actos , como fórmula de incrementar los ingresos de la RABASF en estos momentos de crisis; se sorprenden al conocer de la existencia de este edificio de la calle Alcalá de Madrid. Es algo que, si no lo viviera personalmente, me costaría trabajo creer.



P.-: ¿De cuál de todas las múltiples actividades que ha desarrollado está usted más satisfecho?

R.-: Procedo de una familia con inquietudes intelectuales que, además, ha estado siempre cerca de las vanguardias. A finales del XIX, mi abuelo materno ya escribía; un tío mío fue catedrático y, en su juventud, era ultraísta. Mi padre, aunque era militar, pintaba, etc. Quiero decir con esto que yo he vivido muy de cerca la cultura desde niño. Siempre he sido, en todo caso, muy generalista porque me ha interesado tanto la pintura como la música, la literatura, la estética aunque luego me especializara haciendo la tesis doctoral. Para unos, soy especialista del barroco; para otros, de otros movimientos artísticos, pero yo me considero generalista porque siempre me ha interesado todo. En cualquier caso, si tuviera que elegir la que, de manera ideal, me gustaría más, sería la de las bibliotecas, porque proporcionan el reposo previo y necesario para la actividad investigadora. Esa es para mí una especie de aspiración, pero en mi vida se ha mezclado esta actividad con la gestión, la realización de exposiciones, alguna incursión en el mundo editorial (he reformado la bibliografía española, haciendo publicar obras de los primeros historiadores del arte español en una editorial como "Cátedra"), he hecho también periodismo, arqueología de campo, en busca de una ciudad perdida en América Central... Quizás hubiera querido ser más en alguna de estas facetas, pero todas me han reportado satisfacciones. He puesto en práctica aquello que se atribuye a Bernard Shaw: "Si quiere Vd. saber sobre algo, escriba un libro sobre ello".


P.- : Nos ha hecho Vd. hace un momento un diagnóstico aterrador sobre el escasísimo conocimiento y reconocimiento social de las Bellas Artes en nuestro país, pero ¿se atreve ahora a hacerlo sobre las propias Bellas Artes?


R.-:Creo que no estoy solo a la hora de pensar que hoy hay una confusión bastante grande en torno a las Bellas Artes, y no solo en España , sino en el mundo entero. La evolución de las artes ha seguido una serie de caminos muy diversos y no siempre acertados. Las vanguardias históricas rompieron, en un sentido, las artes anteriores, pero en otro fueron a la vez continuidad de las mismas. Quizás ahora, con todas las nuevas técnicas, con las nuevas tecnologías, se está pasando un momento en el que todavía no está bien definida la relación entre las artes plásticas -las artes que se materializan- y el conceptualismo. Hay quien con unos papelitos y unas palabras cree estar haciendo ya una obra de arte. Espero que esto sea solo una crisis momentánea, como la que está atravesando el libro impreso y el libro electrónico, si ha muerto el libro o no... Es un poco como cuando apareció la televisión, que se pensó que iba a ser la muerte del cine y, sin embargo, no ha sido así. Nada es, todo se transforma y estamos en un momento de transformación, que da lugar a este confusionismo... Hace unas semanas, para la Academia de Roma, para evaluar a los candidatos, había miembros de la misma, muchísimo más jóvenes que yo que, sin embargo, defendían posturas mucho más conservadoras que la mía. Cuando yo defendí que la novela gráfica de las vanguardias de principios del siglo XX (que no es el tebeo, ni el comic), sin duda era arte, los colegas se sorprendían. Yo no estoy negado a nada pero, al mismo tiempo, interesado como siempre he estado por el arte abstracto y seguidor acérrimo del mismo, he seguido también la figuración, el realismo, sea crítico, radical o simbólico...


P.-: En los años 60 del siglo XX, el Pop Art era visto por algunos como despreciable, o casi. Hoy puede que suceda lo mismo con el grafiti. ¿Cómo contempla Vd. Esta nueva forma de expresión?

R.-: A mí el Pop Art me interesó desde el primer momento. El grafiti, cuando es bueno, también. Sin embargo, la inmensa mayoría del grafiti que hay en estos momentos en Madrid no es arte. Un buen grafitero, que no respeta un sillar de granito, que en sí mismo es una preciosidad, con el único objeto de plasmar allí su firma, es como un perro que mea para marcar su territorio. El grafiti, cuando es un gran grafiti, claro que me interesa. Hay grafitis fenomenales y hay grafitis que no son nada. Es como la fotografía, que ha sido un arte esencial desde fines del XIX, a lo largo de todo el XX, y ahora mismo. Pero un joven que cree que hacer fotografía consiste solo en disparar una cámara y eso lo convierte ya en fotógrafo, está en un inmenso error.


P.-: Pero, ¿dónde están los límites del arte? ¿ Dónde un grafiti o una fotografía se convierten en arte?

R.-: Hay arte si la obra transmite algo creador, algo que nos hace pensar, algo que nos hace sentir, algo que nos toca de una manera tremenda la fibra interior. Todo puede ser arte, como lo es el toreo la danza, la exhibición del propio cuerpo; todo, todo puede ser arte, pero el arte no puede ser un remedo del arte sino algo mucho más profundo. Es una cuestión de sensibilidad, de rozar lo inaprehensible, lo sublime o lo terrorífico, lo bellísimo, lo ideal, pero no cualquier cosa es arte.


P.-: Y el arte, ¿para qué sirve?

R.-: La utilidad del arte es el arte mismo. Es algo que no es como un pañuelo, que se utiliza y se tira, sino que es algo que nos toca más profundamente y de ahí que -como en el mito de la hormiga y la cigarra- el artista que, a veces, puede parecer un inútil, es un elemento social absolutamente necesario. Si no existiese el arte, dejaríamos de ser profundamente humanos.


P.-: Crisis económica y crisis artística, ¿son caminos paralelos, convergentes o independientes?


R.-: Arte y Sociología son caminos interdependientes. El Arte es un producto social, en donde concursa el gusto colectivo, o las condiciones de vida de una sociedad. Un individuo de esa sociedad, que es el artista, interpreta la vida y los acontecimientos que afectan a esa sociedad desde su particular punto de vista. Pero la Sociología debe tener también en cuenta la ciencia, o el pensamiento. El artista es solo un medio, a veces es un creador cuya obra va más lejos de lo que él mismo pueda creer.


P.-: Y, claro, siempre hay un tercero que intenta obtener un lucro adicional con esa obra, ¿verdad?

R.-: Si no hay espectador, no hay tampoco obra de arte. Es como la música que no se interpreta, o la obra de teatro que no se representa. La obra de arte tiene una repercusión que muchas veces se le escapa al autor. El Quijote fue percibido, poco después de su publicación, como una obra humorística y solo los años dieron la verdadera dimensión de la obra de Cervantes. La obra de arte tiene una trascendencia y una vida propia, desde el mismo momento que está ahí y se objetiviza.


P.-: Una última pregunta, ¿qué piensa Vd. de la gente que escribe cultura con K?

R.-: (Sonríe abiertamente) No sé por qué la ponen. En español cultura se escribe con C. Si escribirlo con K significa una forma de rebeldía, de aplicarle mayor trascendencia, creo sencillamente que no le hace falta esa K para ser cultura. Sea con C o con K lo que importa es que realmente sea cultura, en el sentido más importante de la palabra, es decir, en un sentido vivificador.