17 Jun

Enrique González Macho

Escrito por José-Miguel Vila
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La carencia absoluta de una política audiovisual es el mas endémico del cine español

-Considera que hoy el cine es mucho más barato que hace unos años-

Distribuidor, exhibidor (propietario de los cines Renoir y del portal Filmin) y productor de cine (Alta Films), Enrique González Macho preside la Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas de España (más conocida como Academia del Cine) desde abril de 2011. Ya en su segundo mandato como presidente al frente de la Academia, este santanderino educado en Madrid, conoce todos los recovecos por los que camina la industria del cine y su labor en pro del séptimo arte no ha pasado desapercibida ni en España (Premio Nacional de Cinematografía, 1998), ni en Europa ((Caballero de la Orden de las Artes y las Letras en Francia). Empresario ligado al cine desde hace tres décadas, hombre práctico, con un lenguaje sencillo y directo y sin eludir nunca las cuestiones que se le plantean, González Macho ha repasado con Diariocrítico la situación actual del cine español

JMV.-: ¿Qué piensan los españoles del cine en general, y del cine español en particular?

EGM.-: Según las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un 72 por ciento de los españoles está razonablemente satisfecho con su cine, frente a un 28 por ciento que no lo está tanto.

P.-: Y si eso es así, ¿por qué cada vez acude menos gente a las salas de cine?

R.-: Va menos a ver cine español, pero sigue viendo películas americanas, japonesas, chinas, etc. Y, además, va más que nunca. Otra cosa es que se vendan menos entradas para asistir a las salas, pero cine se sigue viendo, y mucho más que hace unos años.

P.-: Supongo que buena parte del problema está en la red...

R.-: Sí, en internet, en el pirateo, en el cambio de usos y costumbres de los espectadores... Hay muchas razones.



P.-: Hace unos meses declarabas en una entrevista que estabas siempre dispuesto a reunirte con los internautas, pero no con los piratas, que eso sería algo así como si una persona violada tuviera que reunirse con su violador. ¿Sigues pensando lo mismo?

R.-: El término quizás fue un poco exagerado porque en el cine se vivía un momento muy crudo, pero hombre... Yo soy internauta, como casi toda la población española, y especialmente las generaciones más jóvenes, y uno no puede aislarse de la sociedad, como sucedería si no hablásemos con los internautas. Pero, una vez dicho esto, hay que añadir también que a mí no me interesa llegar a acuerdos con quienes están violando la ley.

P.-: ¿Hay algún problema endémico en el cine español?



R.-: Sí, lo hay: la carencia absoluta de una política audiovisual. El problema no es de ahora, es un problema de siempre.

P.-: Y el eslabón más débil de la cadena en la industria cinematográfica española, ¿dónde hay que buscarlo?

R.-: Desde el momento en que toda la industria del cine en España está tocada del ala, lo están también todos los sectores que intervienen en ella. Por sectores, la producción está en un momento muy difícil; la distribución, tres cuartos de lo mismo; la exhibición está al límite; las televisiones están como están, incluidas las televisiones públicas... Es decir, que el momento que vivimos en este sector, no es precisamente el más agradable.

P.-: ¿Y por dónde pasan las soluciones?


R.-: No me canso de repetir desde hace tiempo que todo pasa por la aplicación de una política audiovisual, y con este término no hablo exclusivamente de una política de cine (como podría hablarse hace ya unos cuantos años) en el que deberían estar implicados todos los actores del sector y en donde también debería imperar unas reglas de juego claras, limpias y serias para todos ellos, y con garantías jurídicas suficientes.

P.-: ¿No salvas a ningún ministro de Cultura de la democracia?

R.-: Salvo determinadas actuaciones de algunos ministros. Hay gente que ha peleado por ello, pero cuando se trata de una política de estado, no corresponde a ningún ministro en particular sino a todo un gobierno. Por eso digo que nunca ha habido una política audiovisual clara, aunque haya habido actuaciones personales de algún o algunos ministros de Cultura.

P.-: ¿Es mejor el cine de izquierdas que el cine de derechas?



R.-: Yo creo que no hay cine de izquierdas o de derechas. Como tampoco hay cine bueno y cine malo. Cuando me dicen que tal o cual película es muy mala, yo siempre digo que si a ti te gusta, es buena. Todo esto es muy subjetivo. Está muy bien que exista la crítica de cine, pero no por el hecho de que un crítico diga que tal película es maravillosa, tú tengas que identificarte totalmente con él... Si, por ejemplo, nos trasladamos al ámbito de la pintura, no es fácil que a un señor que le guste Tapies, le guste también el hiperrealismo o viceversa. Son manifestaciones artísticas muy diferentes, pero si a ti te gustan, es lo que tienes que ver. Con una película pasa lo mismo. Si te gusta, es buena para ti, y si no te gusta, es mala.

P.-: Parece claro que el público percibe que acudir al cine es caro. De otra forma, no tendrían el éxito que han tenido las "Fiestas del cine", que han ido acompañadas de sustanciosos descuentos. Eso, creo que prueba que el cine interesa, pero también que al público le parece caro acudir a verlo en las salas.

R.-: El del precio es un factor muy psicológico. De todas formas hay una operación bien sencilla que demuestra que hoy el cine es mucho más barato que hace unos años. Si cogemos, por ejemplo, la cifra de recaudación de la película de Emilio Martínez Lázaro, "Ocho apellidos vascos", y la divides por el número de espectadores, resulta que el precio medio de la localidad ha estado en 5,70 ?. Si nos vamos 2 años atrás, y coges "Lo imposible", y haces la misma operación, resulta que el precio medio estaba en torno a 7 y pico ?. Y si aún nos vamos un poquito más para atrás, la película "Avatar", también sobrepasaba un poco los 7?; luego, el cine es más barato ahora que hace unos años y, sin embargo, el público cree que está ahora más caro que nunca. Puede ser que en determinados cines sea así, pero no el precio medio, que ha bajado, y mucho, a pesar del IVA.

P.-: El cine, como tantos otros sectores de la actividad económica, está buscando desde hace tiempo un nuevo modelo de negocio, ¿estamos ya cerca o andamos aún muy lejos de encontrarlo?

R.-: Creo que estamos todavía lejos. Ya lo dije hace tres años y me puso todo el mundo a parir. Han pasado 3 años y, sin embargo, todo sigue igual. Esa es la verdad. Yo lo único sobre lo que doy fe es sobre lo que veo, no sobre lo que quiero, que son dos cosas muy diferentes. Hay que transformar los deseos en realidades, pero las realidades son las que son. Lo único que digo es que, hoy por hoy, todavía -desgraciadamente, una vez más- internet no forma parte de la monetarización del cine, y esa es la realidad. ¿Que ojalá que llegue ese momento? Por supuesto, pero todavía hoy no es una realidad, y no solo es un fenómeno de España, sino que es un fenómeno a escala mundial. Pero cuando afirmas esto, aquí parece que eres un enemigo de internet y eso no es verdad: yo no soy enemigo de nada, sino todo lo contrario; lo único que hago es analizar una realidad... Lo dije hace 3 años y lo sigo diciendo hoy y me gustaría que alguien me explicase en qué han cambiado las cosas...



P.-: Doblaje si, o doblaje no, ¿por qué camino se decide el presidente de la Academia de Cine española?

R.-: Por las dos vías. Personalmente, como espectador, como ciudadano, como persona que le gusta el cine, prefiero la versión original. Es mi derecho. Pero entiendo perfectamente que al público, que no tiene ninguna culpa de que le hayan dado cine doblado durante más de 70 años, le guste el cine doblado. Entonces, soy partidario de que puedan convivir las dos formas de ver cine. Es como si se diera ahora el dilema entre circular en bicicleta o en coche. No puedes obligar a la gente a que cambie de hábitos en 24 horas simplemente porque circular en bicicleta sea más sano, más ecológico, que circular en coche Yo soy partidario de ambas cosas porque, además, si se suprimiera el doblaje, sería una estupidez. Sería la muerte del cine en salas, porque luego en las televisiones se da doblado. Es, pues, una cuestión educacional. A nosotros nos han dado el cine doblado durante décadas y es muy difícil cambiar eso.

P.-: Ese entendimiento entre el cine y la TV, ¿puede y debe llegar a ser mucho más profundo?

R.-: Si, se puede llegar aún mucho más lejos y, además, avanzar en ese entendimiento es absolutamente necesario. ¡Qué sería del cine sin la TV!, pero también ¡qué sería de la TV sin el cine! En España siempre que se ha abierto una cadena nueva decía que no iba a poner cine, y la realidad les llevaba a ponerlo antes de 6 meses de funcionamiento. Lo mismo que la TV necesita al cine, el cine necesita a la TV. Ese entendimiento es necesario, por complejo, por difícil que sea, porque siempre hay tentaciones de que uno quiera dominar al otro, pero ese acuerdo es totalmente necesario.

P.-: El cine es la más internacional de todas las artes y, por tanto, su contribución a la marca país está claro. Pero, paralelamente, el cine muestra de frente la realidad de un país, lo cual no siempre favorece la buena imagen del mismo.

R.-: Las personas, en ese aspecto, distinguen muy bien las cosas. Nueva York, por ejemplo, es una de esas ciudades que cuando vas por primera vez, ya la has visto porque reconoces perfectamente los lugares por los que discurres (Manhattan, Brooklyn, etc.) porque los has visto ya en cine miles de veces. Y sobre Nueva York ha habido comedias maravillosas, pero también películas durísimas llenas de violencia, y no por eso ha dejado de interesar. Las dos visiones de esa realidad pueden convivir perfectamente; no creo que haya ningún tipo de influencia negativa. Es muy difícil ver una realidad en una película que te incite a decidir que no quieres ir allí de ninguna manera.



P.-: El cine, como el teatro, está en crisis desde su nacimiento, ¿se va a acabar algún día?



R.-: Cine va a haber siempre. Hoy en día hay más imagen que ha habido nunca a lo largo de la historia. Y mañana habrá más que hoy. Otra cosa es ver cómo se transmiten esas imágenes... Pero cine va a haber siempre, y teatro, y música, ballet, pintura y escritura, afortunadamente...