13 Oct

Irish Treble

Escrito por José-Miguel Vila
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Irish Treble, banda madrileña de música celta, invade con un sonido brillante y una puesta en escena impecable la Sala Galileo Galilei

El grupo de música celta Irish Treble presentó el pasado 9 de octubre en una actuación en riguroso directo y en la mítica Sala Galileo Galilei de Madrid su último trabajo “Irlanda en danza”. Con la sala repleta y durante unos 90 minutos de actuación, el grupo mostró un sonido perfectamente compacto, brillante y empastado y fue capaz de fundir tradición y modernidad en un tipo de música, la celta, que presenta una gran variedad de sonidos, melodías y ritmos que, además, el grupo madrileño se atrevió a fundir con el rock y con el flamenco, en diversos momentos del concierto.

Irish Treble lo componen cuatro músicos y otras cuatro bailarinas. Los primeros mostraron un dominio absoluto de todos los instrumentos, ritmos y melodías, al tiempo que las bailarinas no dejaron de danzar firmes, alegres, flexibles, hieráticas o burlonas, según la coreografía de cada tema, haciendo vibrar de emoción a todo el público, que no dejó de empatizar en todo momento con lo que ocurría sobre el escenario.

Guillermo Soloaga (bajo, voz), hizo que la conexión entre escenario y pista no cesase en ningún momento, introduciendo temas y dando pequeñas explicaciones de cuanto sonaba. Junto a él, Guillermo Manzanares (viola, cajón y guitarra), Alberto Clemente (guitarra, mandolina) y Gloria Solera (flauta travesera). Y, delante de ellos, en perfecta conjunción, las bailarinas del grupo Lidia Llorente, Sara Romero, Paula Rodríguez y Marta Pampyn. Además, subieron también al escenario en diversos momentos del espectáculo Carolina Esteban (bailaora flamenca), Irene Jiménez (cantante rock, del grupo Agosto frío) y Eva Llorente (músico).

Alegría y pedagogía

Y en el escenario -bastante reducido, por cierto, para los ocho artistas, más aún para los once que llegaron a estar al mismo tiempo en él- sonaron sucesivamente desde bailes tradicionales del siglo XVIII hasta modernas coreografías ”show-style”, al son de reels, jigs, slip-jigs y demás ritmos típicos de la música irlandesa.

Los músicos -todos ellos formados en Conservatorio- quisieron contextualizar cuanto sonaba y dividieron el espectáculo en tres actos claramente delimitados. En el primer acto se planteó una síntesis de la historia y evolución de la danza irlandesa, a través de las danzas circulares, que se remontan varios siglos atrás. Sonaron así cuatro temas y, ya en el quinto, fueron los bailes tradicionales del siglo XVIII los que comenzaron a animar el ‘cotarro’ en la sala. Con movimientos contenidos y brazos pegados al torso, las bailarinas -vestidos negros, sencillos y cortos- ejecutaron tres danzas típicas, entre ellas la famosa de San Patricio.

Ya en el segundo acto, músicos y bailarinas dibujaron sobre el escenario bailes sociales o grupales (ceili y set dancing) y se atrevieron a representar el ambiente de un pub con un descarado camarero moviéndose con soltura entre bailarinas y músicos. Y, por último, ya en el tercer acto, sonaron y se bailaron danzas de competición y espectáculo (sean-nós y step dancing) en colaboración especial con Irene Jiménez.

Pueblos celtas

Aunque hoy se suele identificar el término ‘celta’ con Irlanda, los pueblos celtas dominaron la mayor parte del oeste y centro de Europa durante el I milenio a.C. y transmitieron su idioma, costumbres y religión a los otros pueblos de la zona. Los antiguos griegos y romanos reconocieron la unidad cultural de un pueblo cuyo territorio se extendía desde el este de Europa hasta el norte del continente. Su nombre genérico aparece en documentos romanos como celtae (derivado de keltoi, la denominación que Heródoto y otros escritores griegos dieron a este pueblo), galatae o galli. Los celtas hablaban una lengua indoeuropea, de la misma familia que las de sus vecinos itálicos, helénicos y germanos. Los topónimos celtas, junto con los nombres de las tribus, las personas y dioses, permiten pensar a los historiadores en su presencia en un extenso territorio europeo, que iba desde la actual España hasta el mar del Norte y desde las islas Británicas hasta el bajo Danubio.

Los escritores romanos como Julio César, y griegos como Estrabón y Diodoro describen el estilo de vida de los celtas. A pesar de su brutalidad o sus tendencias románticas, estos relatos sugieren que a los celtas les gustaban las celebraciones y la bebida, contar historias y presumir de hazañas atrevidas. 

La unidad social celta era la tribu. En ella, la sociedad estaba estratificada en nobleza o familias dirigentes de cada tribu, agricultores libres que también eran guerreros, artesanos, trabajadores manuales y otras personas no libres, y los esclavos. También existía una clase instruida que incluía a los druidas, los sacerdotes de la sociedad celta. 

Todo esto y mucho más fue capaz de transmitir Irish Treble en poco más de hora y media de música, danza, diversión, alegría y juventud patológicamente contagiosas que llevaron al ánimo de todo el público que, a buen seguro, repetirá en las próximas actuaciones del grupo celta madrileño. Por cierto, que la próxima será en uno de los extremeños pueblos de la Sierra de Gata. Pero los detalles, mejor míralos en su propia web: www.irishtreble.com