14 Jun

Encerrona

Escrito por José-Miguel Vila
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'Encerrona': ¿Hay quien dé más?

Las apariencias engañan. Más aún las del payaso, las del clown. Y si detrás de él se encuentra un actor y payaso tan inmenso como Pepe Viyuela, todavía más. Todo lo que hace Viyuela -y es mucho, muchísimo…-, en poco más de hora y media, en 'Encerrona' (solo dos días en Teatro del Barrio), parece simple, sencillo, incluso al alcance de quien se lo proponga, y eso no es así, sino todo lo contrario. Estar delante de decenas de espectadores intentando descubrir los misterios que están encerrados en objetos tan cotidianos y aparentemente simples, como una guitarra, una silla, una chaqueta, una gorra o una escalera, y no morir (por supuesto, de risa…) en el intento, solo está al alcance de algunos.

 

El personaje que habita Viyuela, bajo la dirección de Elena González, gesticula, dialoga consigo mismo (en silencio, a media voz, o a voz en grito…), y hace otro tanto con el público, sin apenas palabras que vayan más allá del monosílabo, la onomatopeya o, a lo sumo, alguna frase suelta que está al alcance de cualquier niño (“el orden de los factores…, jode el producto”).

De pronto, ese personaje perdido, vulnerable, medroso con o sin razón, se ve allí, en medio del escenario, en una verdadera 'Encerrona' que ni busca, ni espera, ni le agrada, improvisando gestos, acciones y esas pocas palabras suyas que suplican, anhelan, imploran, una reacción, una respuesta sincera, vívida, honesta del público. De ese animal escrutador hasta del más mínimo gesto, del más pequeño movimiento del clown, que espera -no se sabe muy bien- su acierto o su fallo en esos intrincados, sutiles y sofisticados movimientos necesarios para subir una escalera, ponerse la chaqueta o colocar la guitarra en la posición adecuada para poder comenzar a tocarla…

 

Amor

Y, para mantener la atención de esos cientos de ojos y oídos escrutadores, analiza el más mínimo detalle que va a llevar a cabo, se mueve, se engancha, se enrosca, salta, se lía, se deslía, toca una nota en la guitarra, otra, un estribillo imposible… Las sonrisas quedan colgadas en el aire del escenario; de vez en cuando una risa, una carcajada, que no pasan inadvertidas para el personaje. Este las engancha, improvisa, interacciona con el espectador que las provoca. Y lo hace con tal delicadeza, con tal cariño, que allí nadie se puede ver incómodo, ni siquiera señalado, aunque sea el espectador que movido por no se sabe qué urgencia, tiene que abandonar la sala y -de pronto-, escucha un adiós que lo confunde, lo azora y le obliga a responder con otro monosílabo que, posiblemente, lleve dentro la disculpa, la explicación y el perdón que nadie le ha pedido.

 

Viyuela hace todo eso y mucho más. Y decía al principio que nada es lo que parece porque es verdad. Rescato, para terminar, unas palabras de un poeta que, en tan escasas como líricas, certeras y atinados términos, habla así de un personaje muy próximo al clown, al payaso. Me refiero al mimo: "…Se mueve describiendo emociones, narrando sucesos más allá de las palabras. Nos coloniza y seduce a través de la vista, desovando en nosotros poemas ambiguos, canciones que no suenan y melodías que se bailan sin oír. Es un fragmento de silencio que ensordece y abruma. Su gran poder consiste en hacernos dudar del valor de la palabra y que deseemos decirlo todo con caricias. Es capaz de caminar sin ir a ningún sitio, de atraer hasta su lado la ventisca inexistente y, sin que nada pueda verse nunca entre sus manos, hace que el mundo entero le nazca de los dedos…" Es un fragmento de un libro titulado Bestiario de teatro (Amargord Ediciones, 2018), que firma un tal José Viyuela, otro alter ego del personaje de 'Encerrona', en un delicioso, poético, inteligente, entrañable y luminoso texto que es un canto de amor al teatro y a todas las bestias que lo habitan.

Bestias que van desde unos farsantis viatoris (cómicos), hasta el audientia venerationun(público) pasando por el intermediario criticus pontificem (crítico). Y encerrados en ese latín improvisado y macarrónico -no exento de sorna generosa-, discurren el libro y el montaje que hemos comenzado a comentar. Ambos son inmensamente ocurrentes, divertidos, poéticos, agudos, profundos y nos ponen ante el espejo de nosotros mismos. Seres endebles, niños incluso arrogantes, inseguros, aparentemente suficientes, agudos y sobrados que, en el fondo, nos perdemos en la inmensa soledad de nosotros mismos. ¿Hay quien dé más?

'Encerrona'

Dirección: Elena González

Intérprete: Pepe Viyuela

Teatro del Barrio, Madrid

13 y 20 de junio de 2018