23 Abr

La boda de tus muertos

Escrito por José-Miguel Vila
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'La boda de tus muertos': la familia hecha añicos

La voz de Pablo Canosales, autor y director de 'La boda de tus muertos', que estos días puede disfrutarse en los Teatros Luchana, es una de las más lúcidas y singulares de entre los jóvenes dramaturgos. Su reciente estreno tiene como fondo las relaciones familiares, tan dulces por fuera y tan corrosivas por dentro. En su pluma veo reminiscencias del esperpento de Valle-Inclán pero también de la más acida y corrosiva tradición de las comedias de Jardiel o Mihura, y del cine de Berlanga o de Buñuel. Su comedia, también con claros tintes de drama, está preñada de iberismo de principio a fin.

Y no es nada extraño porque la acción se desarrolla en Huelva, tierra natal del autor, en donde una familia (padres y dos hijos) circulan en su coche, dominados por la metálica voz del navegador que, contagiado por la mala uva que se destila en el habitáculo del vehículo, en donde los comentarios ácidos, sarcásticos, hirientes y renovados, zigzaguean sin pudor para tocar a todos sus ocupantes, que hasta el artilugio se confunde y los mete por un camino de cabras. Parece que el "amor familiar" hace tiempo que está resquebrajado y ya no admite ninguna posibilidad de restauración.

 

El destino del grupo es la boda de Pablo, el hijo mayor y ni siquiera por tan alto objetivo decaen el calor, la tensión y los suspiros familiares… Vienen de la ceremonia y van a la comida de la boda. Al llegar al restaurante les cae la segunda contrariedad del día ya que les han situado en un extremo del salón, y tan lejos de los novios que apenas sí pueden verlos. A cambio, tienen una estupenda panorámica sobre todos los invitados. Eso, al menos, es lo que piensa el curioso camarero que les ha tocado en suerte… Bueno, lo de la suerte es un decir porque, además, su mesa tiene el número 13.

En el transcurso del ágape, siguen los choques dialécticos que, en algún momento amenazan, incluso, con llegar a las manos. Los padres entre sí, y los dos con sus hijos. El desmadre llegará, como siempre, al final, en el momento de bailar y beber desenfrenadamente, como si el mundo fuera a acabarse esa misma noche.

Estupendo todo el elenco. Comenzando por Lucía Bravo, que interpreta a Sofi, la madre, con mantilla y todo, que no es capaz, o no quiere ya, templar gaitas en el seno familiar; Mauricio Bautista, que hace aquí de Jesús, iracundo padre, que no sabe hacer una afirmación sin gritar como si estuviera en un campo de fútbol; Sara Mata, Mari Tere, la hija, en modo protesta permanente; Víctor NacarinoJosete, el hijo, poeta y despreciado por su padre, que no entiende esas veleidades literarias que "no sirven para nada", siempre con su cuaderno en ristre. Y, por último, César Sánchez, Aurelio, ese extraño camarero del banquete, que tiene el reloj parado en las 7 de la tarde, y no flaquea ni un instante cada vez que los invitados le piden cerveza o algún refresco porque allí "lo único que se sirve es vino…".

La sintonía que Canosales ha sido capaz de trasmitir al elenco se nota y mucho a lo largo de todo el montaje porque allí todos toman la miel y la hiel, según momentos, sin perder nunca el tono surrealista, que muchas veces parece más bien demasiado realista, porque el espectador, entre sonrisa y sonrisa, no puede dejar de recordar episodios parecidos en su propia familia. Y es que ‘en todas partes cuecen habas, y en la mía a calderadas’, como dice el refrán.

La escenografía y el vestuario son de Tania Tajadura. En lo uno y en lo otro domina el blanco. En la alargada mesa con lujoso mantel blanco enfrentada al patio de butacas, y en la elegante indumentaria en la madre y la hija, e informal en los dos varones de la familia. La vajilla y la cubertería, que al final termina por los suelos, afortunadamente es simulada porque la cosa acaba como el rosario de la aurora…

La iluminación de Carlos Marcos oscila entre la intensidad de la fiesta y la tenebrosidad del ambiente familiar, y gira a verdes, rojos y azules cuando el banquete se termina y el ritmo conquista la pista de baile para todos los invitados y, especialmente, entre la familia del novio, que ya no puede aguantar más y se lanza de cabeza al ruedo para rebajar tensiones.

El ejercicio de valiente introspección que ha hecho Canosales con la escritura de este texto y su materialización sobre el escenario es verdaderamente encomiable. Y, además, sorprendente porque en cada nuevo montaje del autor y director, el onubense da muestras de tener muy claro el criterio, y hace circular historia y montaje por el mejor de los caminos posibles para tocar la fibra del espectador. 'Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio', decía la copla, y aunque nosotros no sabíamos muy bien si se refería al amor perdido o a la familia, Canosales lo tiene muy claro.

El montaje es tan divertido como ácido, tan valiente como doloroso, y aunque la fiesta y los banquetes de bodas parecen llevar consigo la amabilidad y la risa, la procesión -como casi siempre- va por dentro. El resultado: un montaje muy interesante, profundo, amargo y divertido a la vez. Muy recomendable.

 

'La boda de tus muertos'

Texto y direcciónPablo Canosales

IntérpretesMauricio BautistaLucía BravoSara MataVíctor Nacarino y César Sánchez

Escenografía y vestuarioTania Tajadura

IluminaciónCarlos Marcos

ProducciónSieteteatro Producciones

Teatros Luchana, Madrid

FotografíaJesús Mayorga Estudio

6 de abril a 25 de mayo de 2018