20 Mar

Consentimiento

Escrito por José-Miguel Vila
Visto: 71

'Consentimiento': sexo, mentiras, apariencias, móviles y togas

Cuando aún estamos analizando las enormes razones y consecuencias de una de las mayores movilizaciones populares de la reciente historia de España y de buena parte del mundo -las manifestaciones feministas que han inundado todo el país y el planeta, bajo el slogan Me too, pillando a contrapié a partidos políticos de todo signo-, llega al CDN, Teatro Valle-Inclán, ´Consentimiento’, de la joven británica Nina Raine, en soberbia versión y dirección de Magüi Mira. El acontecimiento -tanto social, como ahora teatral- es, desde luego, de los que hacen época.

 

El montaje fue estrenado en Londres unos meses antes de la movilización feminista y la fábula inicial que lo preside gira, precisamente, en torno a una de las causas que motivaron las protestas, una violación. Una de las muchas que se producen día tras día y que el procedimiento, los plazos, la astucia o el cinismo de los juristas, consiguen enmascarar de otra cosa, o directamente la presentan como una relación consentida -y de aquí el título del montaje-, entre la mujer que acusa y el hombre acusado. Todo depende del concepto que las partes tengan del término ‘Consentimiento’, y de la habilidad de los abogados de las partes para hacer que el veredicto del jurado o del juez se escore a uno u otro lado de la realidad, que no siempre coincide con el de la legalidad.

Pero, ¿qué sucede si la violación se produce en el seno del matrimonio del abogado, que no tiene reparos en burlarse de la víctima e, incluso, también de sus colegas que se dedican a la defensa de los derechos humanos? Esta es la segunda parte de un tan largo, como interesantísimo montaje (casi tres horas), dividido en dos partes que, además, se siguen con interés creciente. Además de la historia, tienen también buena parte de “culpa” en ello los siete extraordinarios intérpretes que componen el elenco de la obra: María Morales, David Lorente, Clara Sanchis, Pere Ponce, Candela Peña, Jesús Noguero y Nieve de Medina. Cuatro mujeres y tres hombres. Ellas, abogada, editora, actriz, y la violada. Ellos juristas, dos abogados y un fiscal.

En un escenario en forma de T, con un patio de butacas del Valle-Inclán totalmente removido (rectángulo central, rodeado de butacas escalonadas en tres de los lados, y la parte del fondo llena de cajas de embalar que se abren, se cierran y que pueden moverse a cualquier punto del escenario, simulando ataúdes donde los personajes esperan su turno para volver a la acción escénica). La brillantísima solución la aporta Curt Allen Wilmer (el mismo artista que, hace unos meses, diseño también la escenografía de La cocina). Y, junto a él, estupendas también las intervenciones de José Manuel Guerra, diseñando una luz impresionante; Bruno Tambascio, construyendo un complicado espacio sonoro; Toni Espinosa, dibujando los movimientos en escena de los intérpretes y Ana López Cobos vistiéndolos.

En conjunto, el espectáculo es grandioso, hipnotizante. El espectador asiste deslumbrado a una realidad sobre el escenario que, fácilmente, reconoce en la vida. Y es que, aunque en el papel, la justicia es igual para todos, el día a día nos demuestra que fuera de él, no es realmente así. Pleitos tengas y los ganes dice el viejo refrán español aludiendo a que quien más recursos tiene podrá facilitar que la interpretación de la ley acabe siempre inclinándose de su lado.

El personaje de Jesús Noguero, Eduardo, es quizás el más complejo de los siete: astuto, hipócrita, gran conocedor de los mecanismos del interrogatorio, y hombre que se desmorona cuando su mujer, Kitty, decide aplicarle a él la misma medicina, la de la infidelidad. Kitty es una Candela Peña aquí mucho más seria y confiada que en sus dos experiencias teatrales previas. Por su parte, Jaime, encarnado por David Lorente, circula entre altibajos emocionales afectado también cuando Raquel, su mujer siempre espléndida María Morales -da el paso de separarse de su marido harta ya de tantas y tan constantes infidelidades. Clara Sanchís es Sara, una actriz a la que ya se le está pasando la hora de la maternidad y quiere cruzarse con ella; y si es con Tomás, el fiscal -también genial Pere Ponce-, aún mejor. Un fiscal que no quiere perder el tiempo escuchando a Adela, la mujer violada doblemente, cuya traumática experiencia le ha dejado taras psicológicas, magníficamente interpretada por Nieve de Medina que, además, duplica papel como Laura, abogada, que mantiene una conmovedora conversación con Sara (Clara Sanchís), que pone los pelos de punta a cualquiera.

El montaje, en definitiva, es delicioso, desde el punto de vista formal e interpretativo, y de un gran calado moral sobre un asunto frente al cual no podrá eludir su postura el espectador.

‘Consentimiento’

TextoNina Raine

TraducciónLucas Criado

Versión y direcciónMagüi Mira

Asesoramiento jurídicoLucía López

RepartoDavid Lorente, Nieve de MedinaMaría MoralesJesús NogueroCandela PeñaPere Ponce y Clara Sanchis

EscenografíaCurt Allen Wilmer

IluminaciónJosé Manuel Guerra

Vestuario: Ana López Cobos

Música y espacio sonoroBruno Tambascio

MovimientoToni Espinosa

Diseño cartel: Javier Jaén

FotosmarcosGpunto

Ayudante de direcciónJuanma Romero

ProducciónCentro Dramático Nacional. Con la colaboración de British Council

Teatro Valle Inclán, Madrid

Hasta el 29 de abril 2018