18 Mar

Primer amor

Escrito por José-Miguel Vila
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'Primer amor': Disección de un hombre sin sentimientos

Samuel Beckett (1906-1989), poeta, novelista y destacado dramaturgo, fue el mayor exponente del teatro del absurdo, autor entre otras piezas de Esperando a Godot (1952). A su pluma se debe también el texto de ‘Primer amor’ (1946), que estos días puede verse en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán de Madrid, en versión de José Sanchis Sinisterra, y en montaje dirigido por Miquel Górriz y Àlex Ollé, soberbiamente interpretado por Pere Arquillué.

 

Para Becket, amor y muerte son dos caras de una misma moneda, la vida, que no puede entenderse sin el uno y sin la otra, extremo este último que al común de los humanos no nos gusta nada reconocer y que, sin embargo, en este montaje aparece nítidamente expuesto desde antes de comenzar. El espectador, efectivamente, encuentra al entrar a la sala a un hombre medio desnudo sobre una especie de banco -que bien podría ser una lápida-. Sobre él recae una luz blanca, intensa, proyectada desde una lámpara extensísima, que luego subirá hacia el techo y volviendo a bajar, e irá adoptando colores distintos (azul, rojizo, blanco otra vez…) que, no obstante, no consiguen apagar ese ambiente gélido de la muerte, aunque también sugiere una cierta idea de la trascendencia, de ese Dios que todo lo ve, pero de cuya existencia real duda mucho el autor -y, por tanto, el único personaje- de este ‘Primer amor’. ,

Esa luz rectangular, intensa y omnipresente durante los poco más de sesenta minutos de monólogo, diseñada por Jaume Ventura, junto a la sugerente ambientación sonora de Josep Sanou, traslada al público a los distintos estados mentales que recorren el cerebro del protagonista. Se trata de un hombre asocial, huraño, desagradable, que parece encontrarse cómodamente instalado en la indigencia económica y moral, por difícil que resulte creerlo en un principio. Pero el extraño personaje tiene razones sobradas en esa hora de monólogo para demostrar que no, que él es lo que parece.

El personaje -siempre osco, sin sentimientos, e incapacitado para el amor- utiliza una prosa austera y disciplinada, preñada de un humor corrosivo que, a veces, provoca incluso la sonrisa del espectador con el uso de una jerga particular y barriobajera unida a la chanza de quien parece tener destellos de haber sido alguna vez eso que todos consideramos un hombre normal.

El hombre cuenta que vivía con su padre y que, al morir este, se ve de pronto en la calle (“mi mundo, a partir de aquello, se había convertido en una catástrofe…, no encontraba nada por lo que mereciese la pena seguir viviendo…”), sometido a los efectos de la intemperie, la soledad, el deterioro personal y el desprecio de los otros. Allí, en el banco que ha tomado como lugar de residencia, conoce a una mujer que podría haber sido su tabla de salvación. La mujer lo invita a su casa, y él accede a ir, pero el hombre no tiene conciencia alguna de tener que ser salvado de nada. Eso que podría haber sido algo parecido al amor acaba convirtiéndose para él en un agobio, una incomodidad, un lastre para esa vida asocial e independiente de todo y de todos que parece ser su loco y único objetivo vital.

Pere Arquillué da una lección magistral de utilización de la voz, dándole mil matices (transita de los tonos más graves e inquietantes a los agudos más inocentes), de la gestualidad, la mirada y el sutil movimiento del cuerpo, para construir un personaje inolvidable, al tiempo tan desagradable y repulsivo como objeto de misericordia y comprensión.

Y es cierto que Becket, tanto en sus novelas -Molloy (1951), Malone muere (1951) y El innombrable (1953), como en sus obras, centró su atención en la angustia indisociable de la condición humana, que en última instancia redujo al yo solitario o a la nada. No son extrañas las peyorativas alusiones en el texto de este ‘Primer amor’, a temas como Dios, ni el estado, ni la cultura, en todos los casos para denostarlos y abjurar de ellos. Nada que tenga que ver con el otro interesa a este personaje solitario, al borde de la locura, extremadamente desagradable, cínico y amoral. ç

 

‘Primer amor’

Autor: Samuel Beckett

Versión: José Sanchis Sinisterra

Creación: Miquel Górriz y Àlex Ollé (a partir de una idea original de Moisés Maicas y Pere Arquillué)

Intérprete: Pere Arquillué

Iluminación: Jaume Ventura

Espacio sonoro: Josep Sanou

Movimiento: Eva Roig

Maquinista en escena: Sam Quiles

Diseño cartel: Javier Jaén

Fotos: David Ruano

Teatro Valle-Inclán, Madrid.

Hasta el 25 de marzo de 2018