28 Ene

Goldi libre

Escrito por José-Miguel Vila
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'Goldi libre': memoria, ironía, sarcasmo y política

Lo personal, lo doméstico, lo pequeño, lo cercano acaba resultando más universal que el más ambicioso proyecto a la hora de contar una historia. A César Martínez Pérez, más conocido como Goldi le sucede cada vez que se pone frente al público para contar una historia próxima -demasiado próxima, porque es la suya propia-. El actor, que bordea ahora la cincuentena, revive un episodio de su vida, allá por los años 80 y 90 del siglo pasado, cuando en nuestro país era obligatorio hacer el servicio militar y un grupo de estudiantes de izquierdas decidió oponerse frontalmente a esa obligación. Ese periplo vital, en el que seguro que se reconocen cientos, miles de muchachos que en aquella época tenían 18 o más años. Unos, porque no tuvieron más remedio que alistarse en el ejército; otros, porque se engancharon a la “prestación social sustitutoria”, y unos terceros, entre los que se encontraba Goldi, porque decidieron recorrer un camino aún más difícil y abrazaron directamente la “insumisión”, es decir, ni lo uno ni lo otro.

Su obstinación, su postura, su firmeza y su coherencia le costaron una condena en firme de dos años, cuatro meses y un día de prisión menor, en 1993. Esa es la historia real, contada por su protagonista, que vuelve al Teatro del Barrio de Madrid, aunque solo en unas cuantas representaciones, en montaje dirigido por Xesús Ron (Xron) que, como Goldi, forma parte del grupo Chévere, cuyo paso por Naves del Matadero con su Eroski Paraíso, todavía despierta mi sonrisa, muchos meses después de haber disfrutado enormemente con ella.

A César Goldi le han ayudado en la escritura dramatizada de su propia historia Xron y Manuel Cortés, que han tenido la habilidad de contarlo en tercera persona, lo que permite al protagonista (hora y media, aproximadamente de presencia permanente en escena), poder reírse de sí mismo con cierta distancia sobre los hechos que se cuentan.

La fórmula, pues, no es otra que el metateatro en donde el actor entra y sale de la historia que cuenta con una facilidad tremenda para conseguir así, en todo momento, la complicidad y la cercanía del público al que se dirige. Cuenta, pues, su propia historia, con la única ayuda de algunas grabaciones sonoras ilustrativas sobre los hechos referidos (voces, declaraciones, recuerdos…), un teclado, la memoria y su propia voz para transportar al público con unas cuantas canciones propias o ajenas y, sobre todo, una dosis concentrada de sarcasmo, ironía gallega e indulgencia plenaria por un pasado lleno de activismo político, utopía y cierta inocencia.

Los padres de Goldi, lucenses como él, maestra y funcionario, emigraron a Cataluña (Solsona), como ocho de cada diez gallegos llevan haciéndolo desde tiempo inmemorial. Cuando Goldi cumplió dieciocho años, se trasladaron a Santiago de Compostela, donde estudió Biología. No llegó a terminar la carrera porque, entre asamblea y asamblea, juicio y juicio y esos dos años largos de prisión, finalmente se dio cuenta que lo suyo era el teatro.

Relata que se hizo objetor por pura imitación, por no ser menos dentro del grupo de amiguetes y colegas del Movimiento Comunista, el grupo político en el que militó en su época universitaria. Época en la que tenía que compatibilizar las pintadas, las pancartas y las discusiones de bar con propuestas tan surrealistas como la de una corriente interna que propugnaba un debate ortográfico orientado a fundir el gallego y el portugués. Por eso se les llamaba lusistas…

Héroe y antihéroe a la vez, Goldi no pretende justificar nada sino simplemente hacer un repaso irónico de su pasado como militante político desencantado por los nuevos tiempos y, quizás también, por encontrar que muchas veces ese activismo no va más allá de su propia dinámica, mucho más próxima a la de los hermanos Marx, que al otro Marx, Carlos, que tanta y tanta literatura económica y política dio a la izquierda para debatir hasta la saciedad todos los aspectos de la relación del hombre, la empresa, la economía y el estado, con sus siempre injustas simbiosis.

El autorrelato, en forma de visión cómica, esconde en el fondo una tragedia personal que Goldi asume con la naturalidad de quien se da por satisfecho con haber encontrado el verdadero sentido de su vida. Con desencanto final incluido. El mismo Goldi dijo en una entrevista que “hubo que dejar a César encerrado en la prisión para que apareciese Goldi, que ya no es un activista político, pero sí un actor con familia”.

 

Goldi libre’

En escenaCésar Goldi

EscrituraCésar GoldiXron y Manuel Cortés

Dramaturgia y direcciónXron

Jefa de producción/asistente direcciónPatricia de Lorenzo

Escenografía, atrezzo, vestuarioBerberecheira

Diseño de iluminaciónFidel Vázquez

Espacio sonoroXacobe Martínez Antelo

Teatro del Barrio, Madrid

Hasta el 3 de febrero de 2018