27 Ene

Black Apple y los párpados sellados

Escrito por José-Miguel Vila
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'Black Apple y los párpados sellados': veinte años de danza y poesía no es nada

“Rindámonos y sintamos el entumecimiento… Todo es recuerdo y el rencor un buen aliado… El fracaso huele a perro mojado… Siento no devolver cada uno de tus golpes, de tus amenazas…”. Las cuatro frases -entre otras-, están marcadas sobre el suelo de la Sala Margarita Xirgu del Teatro Español de Madrid, antes de comenzar la representación de ‘Black Apple y los párpados sellados’, que puede verse solo hasta finales de enero. Aquí no hay engaño, sino todo lo contrario, mucha verdad. Y las reglas del juego escénico que reúne a dos extraordinarios bailarines e intérpretes, Chevi Muraday y Paloma Sainz-Aja, están bien marcadas desde el principio.

El espacio físico y temporal de la historia que se cuenta, a través del lenguaje de la danza contemporánea, es el que Albert Camus noveló en La peste. Y la aventura que imagina Chevi Muraday, director artístico y coreógrafo de la pieza, atañe al matrimonio Castel. “Y no fue, como se podría esperar, el de los dos amantes que la pasión arrojase uno hacia el otro por encima del sufrimiento. Se trataba del viejo Castel y de su mujer, no eran una de esas parejas que ofrecen al mundo la imagen de una felicidad ejemplar, y el narrador está a punto de decir que lo más probable era que esos esposos, hasta aquel momento, no tuvieran una gran seguridad de estar satisfechos en su unión. Pero esta separación brutal y prolongada los había llevado a comprender que no podrían vivir alejados el uno del otro y, una vez que esta verdad era sacada a la luz, la peste les resultaba poca cosa. Se trataba del viejo Castel y de su mujer, casados hacía muchos años. La señora Castel, unos días antes de la epidemia, había ido a una ciudad próxima…”.

La cita, junto a algunas cartas que cruzan entre ellos, es leída por los bailarines antes y durante su duelo interpretativo de hermosísima factura, lleno de belleza y de plasticidad visual, musical y sonora. La poesía en movimiento visceral y desesperado se prolonga algo más de una hora, bajo una luz siempre intimista (la pone David Picazo, también director de escena de la obra), unas veces tenebrosa y otras brillante, pero siempre remarcando los altibajos emocionales de la pareja. Estadios que transitan del amor al desamor, de la comunicación a la incomunicación, del ánimo a la desesperanza.

La belleza plástica del movimiento armónico de los dos cuerpos, el de Paloma y el de Chevi -unas veces individualmente y, las más, en conjunto-, dibujan la poesía y la vida que se instalan en la pareja, aunque se encuentre en medio del horror y la enfermedad, en medio de la muerte, a los que ninguno de los dos puede ser ajeno.

El espectáculo es de una factura impecable y celebra con verdadera justicia poética los primeros veinte años de vida de la compañía Losdedae, creada en 1997 por Chevi Muraday. En este periodo, han sido más de 40 las coreografías creadas, que han visitado diferentes festivales nacionales e internacionales: Estambul, Buenos Aires, Filipinas, Ecuador, Brasil, Praga, Budapest, Roma, Lisboa, Berlín, Varsovia, entre otros.

La labor de la compañía Losdedae ha sido, y sigue siendo, ingente, y su trabajo en favor de la promoción y difusión de la danza contemporánea en España sigue dando sus frutos en otras compañías y bailarines que han encontrado en Losdedae un espejo en donde mirarse. Podrán seguir haciéndolo durante muchos más años porque estos son solo sus primeros veinte años de poesía y danza contemporánea. ¡Habrá muchos, muchos más!

 

‘Black Apple y los párpados sellados’

Dirección artística y coreografíaChevi Muraday

Dirección de escenaDavid Picazo

IntérpretesChevi Muraday y Paloma Sainz-Aja

Ambiente sonoro y edición musicalRicardo Miluy

Texto: Paco Tomás

Diseño de VestuarioPaco Delgado

SastreríaSonia Capilla

Diseño de IluminaciónDavid Picazo

Dirección de ProducciónAmanda R. García

ProduceLosdedae

Teatro Español, Madrid

Hasta el 28 de enero de 2018