28 Nov

El gato que salta y el gato que cae

Escrito por José-Miguel Vila
Visto: 5

'El gato que salta y el gato que cae': la realidad, la ficción y el tiempo en escena

El argentino Julio Cortázar (1914-1984), uno de los protagonistas del boom de la literatura latinoamericana, quiso con Rayuela (1963), alterar las formas usuales de la novela para crear una narración basada en una especie de combinatoria infinita por la cual se generan las múltiples lecturas capaces de articular la trama, la intriga, los personajes y el desdoblamiento autor-narrador. Con ella, como con muchos de sus cuentos (y en esto recuerda mucho a los relatos de su compatriota Jorge Luis Borges), trata de representar el absurdo, el caos y el problema existencial mediante una técnica nueva. El resultado es un retrato, en clave surrealista, del mundo exterior, al que considera como un laberinto fantasmal del que el ser humano ha de intentar escapar. En otras palabras, que realidad y ficción no son cosas tan distintas, que la una desemboca ineludiblemente en la otra y siempre esta última, la ficción, remite también constantemente a la realidad.

De esta aparentemente compleja realidad parte también otro compatriota de Cortázar, el actor, director, dramaturgo y maestro Hernán Gené -afincado hace ya unos cuantos años en España y hombre de teatro por los cuatro costados-, para abordar el tema del tiempo como factor esencial para crear esa confusión entre ficción y realidad (“nosotros, humanos, nacemos, vivimos y morimos pendientes del tiempo”), entre personajes y público. Lo hace en su última propuesta escénica, que él mismo ha escrito y dirige, ‘El gato que salta y el gato que cae’ y que, para que no haya duda alguna desde el principio, subtitula “un experimento con el tiempo”.

Diversión y filosofía

Pero no vayas a formarte presunción alguna sobre el montaje que ahora puede verse en El Umbral de Primavera (Calle Primavera, 11. Lavapiés), porque, aunque en él hay unas cuantas citas a Aristóteles (“el tiempo no existe sin cambio”), KantSchopenhauer o Einstein, entre otros pensadores, la propuesta final es la mar de divertida. Buena parte de ello la tienen cuatro estupendos actores, sobre cuyas cabezas y cuerpos recae la responsabilidad de hacer liviana y divertida la función, por muy filosófica que sea. Ellos son Esther Acevedo (La mujer que fuma en kimono), Georgina Rey (La mujer que piensa el tiempo), Andrea Álvarez (La mujer de los besos) y Juan Miguel Alcarria Herrera (El hombre que llora).

Con semejante título y personajes, desde luego, es muy difícil forjarse a priori idea alguna sobre el montaje. Pero es que eso es, justamente, lo que pretende Hernán Gené. A saber, diluir, difuminar, incluso destruir esa tendencia tan humana a querer enmarcar, encorsetar la realidad, en atrapar el tiempo en la esfera de un reloj, o en las tablas de un escenario: “el gato que salta no es el mismo que el gato que cae, sucede al mismo tiempo…”, “…el único recuerdo que tiene usted de su pasado es el ahora”.

En escena, cuatro personas reflexionan sobre el tiempo, la muerte, el amor y sus deseos, en una sucesión aparentemente caótica que nos transporta de un mundo a otro, de una historia personal o colectiva a otra escena que nada tiene que ver con la anterior, a dimensiones espaciales y temporales paralelas, a sueños que alguna vez tuvimos o que nunca nos atrevimos a soñar, o “a un encuentro con los fantasmas que tal vez somos sin saberlo…”, como se dice en la presentación del montaje.

Así, y entre otras escenas, el espectador se encuentra con dos vecinas que cuelgan ropa en un tendedero y la cuerda se va elevando paulatinamente hasta quedar fuera de su alcance, dejando a ambas en la más absoluta estupefacción. En otra, una mujer habla con una amiga que acaba de divorciarse, después de cuatro años de matrimonio, para que le facilite el contacto de su ya exmarido, pero a esta última no le hace ninguna gracia la propuesta, a pesar de su aparente liberalidad, porque la encuentra más que disparatada, incluso ofensiva. Y una tercera escena presenta un diálogo a cuatro bandas de los cuatro personajes intentando hacer partícipes a los demás de sus propios problemas. Todos hablan al tiempo mientras van ocupando sucesivamente los taburetes situados en las cuatro esquinas del escenario, rodeado de espectadores. Hablan y hablan sin escucharse y, al final, sus visiones de la realidad son tan distintas y tan distantes que esta misma visión particular de cada uno de ellos (su realidad), se hace ininteligible y dudosa, es decir, irreal.

Gené ha logrado, sin duda, enseñar deleitando, mover a la reflexión partiendo de lo cotidiano, y lo ha hecho en una propuesta llena de matices y de aciertos escénicos concentrados en poco más de una hora de montaje, con cuatro actores que transmiten al público su energía y su pasión por el trabajo bien hecho. Una propuesta tan interesante como divertida, tan filosófica como humorística, tan sorprendente como libre.

 

‘El gato que salta y el gato que cae (un experimento con el tiempo)’

Autoría y dramaturgiaHernán Gené

DirecciónHernán Gené

Colaboración en la CreaciónRafael BlancoJoaquín Hinojosa y Ramón Merlo

IntérpretesEsther AcevedoGeorgina ReyAndrea Álvarez Juan Miguel Alcarria Herrera

EscenografíaHernán GenéRafael Blanco y Juan Miguel Alcarria Herrera

FotografíaElisa Forcano

Diseño IluminaciónHernán Gené y Juan Miguel Alcarria Herrera

Diseño CartelElisa Forcano

Música Original y VídeosHernán Gené

AyudanteRafael Blanco

ComunicaciónCultproject

ProducciónFrancisco García Muñoz (Teatro Vivo)

Una creación de Producciones HG y Estudio Hernán Gené

Sala El Umbral de Primavera, Madrid

Próxima funciónviernes, 1 de diciembre de 2017