24 Nov

Tebas Land

Escrito por José-Miguel Vila
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'Tebas Land': en el filo del amor y la muerte

Hace ya unos cuantos años -más de la mitad de su vida-, que en el día a día habla en francés, pero piensa y escribe en español. En su vida hay, al menos, dos mundos simultáneos y bien diferenciados: París y Montevideo. Pero, en el fondo, el dramaturgo al que nos queremos referir deambula realmente en otros espacios mucho más íntimos, más esenciales, más vitales: la literatura y el teatro, la creación y la docencia. Hablo del uruguayo Sergio Blanco (Montevideo, 1971), autor de uno de los éxitos teatrales en lengua española de los últimos años, tanto en Europa como en América Latina y Asia (se representa en escenarios de Londres, París, Lima, Montevideo, Buenos Aires, Tokio o Berlín), ‘Tebas Land’, que ahora sube también a las tablas del Pavón Kamikaze de la mano de Natalia Menéndez, que apura sus últimos días como directora del Festival de Almagro, certamen que ha gestionado los últimos siete años, unos días antes de pasarle los trastos a Ignacio García.

‘Tebas Land’, inspirado en el mito de Edipo, en la vida del santo europeo del siglo IV San Martín de Tours y en un expediente jurídico creado e imaginado por el propio autor une el tema del parricidio con el de la creación artística y, en esencia, ambos confluyen en los dos grandes asuntos que -de una u otra forma, y desde los principios del teatro griego- están siempre presentes en las grandes creaciones dramáticas: el amor y la muerte.

El protagonista, S. (encarnado por un magnífico Israel Elejalde) es un dramaturgo que pretende abordar la cuestión a través de varias entrevistas con un joven encarcelado (saber sus motivos, escuchar su voz, ponderar su temperamento, conocer directamente su personalidad y no a través de informes, en un tú a tú inquietante), por ser el autor confeso de la muerte de su padre. El parricida, Martín Santos, y el actor que va a encarnar su papel en escena, Federico, son interpretados por Pablo Espinosa(protagonista de la serie juvenil ‘Violetta’), que llena de matices a ambos personajes en las réplicas que da a Israel Elejalde.

Pero S. está mucho más interesado en la representación escénica y estética de los encuentros con el parricida (capital el estupendo uso de la luz de Juan Gómez Cornejo), que en los detalles macabros que hubieran podido darse en el asesinato. El texto que va construyendo el dramaturgo, partiendo de cada una de las entrevistas que mantiene con Martín en la cancha de baloncesto de la cárcel, se desarrolla de forma simultánea al tiempo de la representación y, a su vez, en la propuesta escenográfica que se plantea en el montaje, diseñada por Alfonso Barajas (una cancha/jaula metálica de unos tres metros de altura, con dos puertas en ambos costados). Todo se ve retransmitido en una pantalla situada al fondo de la cancha (la Videoescena es de Álvaro Luna y Bruno Praena), lo cual crea un hermosísimo juego metateatral (una obra que cuenta cómo se construye una obra) en diferentes planos que potencia el interés y hace el montaje aún más sugestivo. Y, por si solo esto no fuera suficiente, las referencias constantes a varias obras que tienen también el parricidio en su trasfondo -son citadas permanentemente, Edipo Rey, de SófoclesLos hermanos Karamázov, de DostoievskiUn parricida de Maupassant, y El parricidio de Sigmund Freud-.

Esos encuentros en la cancha de básquet del centro penitenciario y los ensayos en el teatro se van alternando en una sucesión de escenas y de reflejos que, deliberadamente, quieren confundir al espectador, difuminar su identidad, su realidad. Lo sucedido en la realidad y lo representado buscan volverse indiscernibles. ¿Qué es la verdad y qué es lo falso? Y es que, tanto el escenario como la cárcel son espacios sometidos al constante examen de un montón de ojos, de miradas escrutadoras. En el escenario, las de los espectadores; en la cárcel, las de los guardias y las de las cámaras de seguridad, que supervisan a distancia cada instante de los encuentros entre el dramaturgo y el parricida.

La búsqueda de la identidad en el otro, la necesidad del encuentro, que está muy por encima de las sensibilidades de cada uno de los personajes o de su formación cultural (uno es un intelectual que escucha a Mozart y cita a Passolini, a Dostoievski, y el otro apenas conoce las palabras y tiene aversión a los libros), no es obstáculo para que ambos encuentren una necesidad vital de acercamiento al hombre que tiene enfrente en cada una de las entrevistas. Al final, S. y Martin descubren algo muy parecido al amor, la ternura y la amistad. La inquietud creciente que atraviesa la tragedia de principio a fin, se transforma en una conmoción imparable en el espectador. Una función ineludible, necesaria, sorprendente e intensa en los múltiples planos en los que se desarrolla.

 

‘Tebas Land’

AutorSergio Blanco

DirecciónNatalia Menéndez

IntérpretesIsrael Elejalde y Pablo Espinosa

ProducciónSalvador Collado

Escenografía y vestuarioAlfonso Barajas

IluminaciónJuan Gómez Cornejo

VideoescenaÁlvaro Luna y Bruno Praena

Dirección de producciónMarisa Lahoz

Ayudante de direcciónPilar Valenciano

FotografíaVanessa Rábade

Diseño gráficoPatricia Portela

Una coproducción deCompañía Salvador Collado y El Pavón Teatro Kamikaze con la colaboración de la Comunidad de Madrid

El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid

Hasta el 7 de enero de 2018