17 Nov

El honorable

Escrito por José-Miguel Vila
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'El honorable': todo para el pueblo, pero sin el pueblo

El 20 de noviembre de 1989 moría en Palermo Leonardo Sciascia, narrador, dramaturgo, periodista, poeta, diputado por el Partido Radical italiano y consultor editorial… Sin duda, uno de los nombres fundamentales de la literatura europea de la segunda mitad del siglo XX. Había venido al mundo en 1921 y en esas seis largas décadas de vida dejó títulos tan imborrables como El consejo de Egipto (1963), Cándido (1979), El contexto (1971), que constituyó la base de una película de Francesco Rosi, Cadáveres excelentes (1976), y Todo modo (1974), por citar solo algunas de sus obras. En todo caso, toda su obra está atravesada por la áspera realidad de la vida siciliana en general, y sobre las investigaciones policiales sobre la mafia, en particular.

Poder y corrupción fue un binomio indisoluble en la Italia de buena parte de la segunda mitad del siglo pasado. Y hablar de poder en la península itálica de esa época es tanto como decir democracia cristiana. A la corrupción del poder en ese momento hay que añadir, además, un nuevo factor, el religioso, que tampoco permanecía entonces ajeno a ese tipo de escándalos. Todos estos ingredientes dramáticos, sociales y políticos se recogen de lleno en ‘El honorable’ (El diputado), de Sciascia, una producción de ARTISTAS Y, que puede verse en el madrileño Umbral de Primavera desde el pasado día 2 de noviembre, y en cuyo escenario permanecerá todos los jueves hasta el próximo 14 de diciembre.

La hora del poder

En un espacio absolutamente diáfano, diez actores y actrices encarnan durante casi hora y media a otros tantos personajes que, en la Italia profunda de los años 70 del siglo pasado, preparan la estrategia para conseguir nuevamente el poder en una de sus regiones. La empresa no es fácil, pero la maquinaria del partido lo tiene todo preparado para embaucar al electorado, ahora con una figura nueva, la de un profesor de instituto, lector del Quijote, esposo y padre de una chica que está a punto de casarse. Inicialmente el profesor pone todo tipo de excusas para entrar en la política activa, pero finalmente, y con ayuda del mismo obispo de la diócesis para lograr el objetivo, acaba aceptando encabezar la lista democristiana al parlamento. La victoria es arrolladora y, lo que inicialmente era visto por el profesor como una empresa desagradable y hostil, acaba siendo contemplada por él mismo como un ineludible deber de servicio a la comunidad. Claro, que en la comunidad hay un sinfín de intereses creados en torno a las recalificaciones urbanísticas, el trasiego de puestos de trabajo -que, por supuesto, conviene asignar a “los nuestros”-, atención a los movimientos sociales de todo tipo, etc…

Didier Otaola, Nacho León, José Carlos Palacios, Paloma Montero, Sara Castro, Bernardo Riaza, Lucía Cubillo, Isaac Romo, Gloria Echevarrías e Iván Mínguez, son quienes levantan en escena este montaje coral con un dinamismo y una precisión cronométricos (a Soumaya El Jaouhari corresponde este incesante movimiento escénico en un espacio tan ajustado, aunque suficiente, en el Umbral de Primavera).

La dirección de Lidio Sánchez Caro incluye en el montaje algunas canciones de la época, que los actores interpretan en directo, unas veces a capella, y otras acompañadas también por la percusión de Iván Mínguez, que es capaz de casar todos los sonidos íntimos de un cajón que domina a la perfección.

La intensidad y la rapidez que Sánchez Caro imprime a la función trasladan muy bien al espectador ese huracán de decisiones que un político se ve obligado a tomar y que, en muchas ocasiones, la falta material de tiempo le impide contrastarlas con su código ético, con su conciencia personal. Un código al que suele acudir con regularidad al principio de su mandato, pero que olvida con la misma facilidad en cuanto experimenta en cabeza propia eso que los medios de comunicación llaman las “mieles del poder”, que es tanto como decir, las adulaciones de próximos y lejanos, las pequeñas y grandes mordidas, los micrófonos (intervenciones y entrevistas en periódicos, radio y televisión), las comparecencias públicas en el parlamento o ante los ciudadanos y, en definitiva, eso de acabar constituyéndose en el eje central por donde pasan la mayor parte de las decisiones que afectan a la comunidad que lo ha elegido democráticamente.

Como puede verse, no hay nada nuevo bajo el sol de la arena política. Da igual el espacio (cualquier país de Europao América podrían valer) o el tiempo (siglo XX, siglo XXI…), en donde se situé la acción, el electorado ha de estar escogiendo permanentemente entre lo malo y lo peor. El resultado, inexorablemente, es siempre aproximadamente el mismo, con gobiernos de uno u otro signo. Y es que ese binomio, poder y corrupción, aparece como desgraciadamente indisoluble en el horizonte de nuestras democracias manifiestamente mejorables.

 

‘El honorable’

Texto: Leonardo Sciascia

Adaptación y Dirección: Lidio Sánchez Caro

Intérpretes: Didier Otaola, Nacho León, José Carlos Palacios, Paloma Montero, Sara Castro, Bernardo Riaza, Lucía Cubillo, Isaac Romo, Gloria Echevarrías e Iván Mínguez

Diseño plástico: María Marcos Patiño

Difusión y prensa: Patricia Marcos

Producción: ARTISTAS Y.

El Umbral de Primavera, Madrid

Hasta el 14 de diciembre de 2017