18 Oct

Dentro de la tierra

Escrito por José-Miguel Vila
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'Dentro de la tierra': justicia poética

Paco Bezerra (Almería, 1978) consiguió el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca 2007 y el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2009 por un texto, ‘Dentro de la tierra’, que varios años después -sin duda, muchos más de los que debieran de haber sido-, ha puesto en pie el Centro Dramático Nacional (CDN) en el Teatro Valle-Inclán, bajo la dirección de Luis Luque. Como nadie es profeta en su tierra, la obra se estrenó antes en el Deutsches Theater de Gottingen (Alemania), en un país con una concepción pública del teatro diametralmente opuesta a la española en la que, entre otras cosas, se valora mucho el descubrimiento de nuevos textos, nuevos autores, y ser los primeros en estrenarlos. Con todo y con eso, estoy seguro de que si cuando Bezerra escribió ‘Dentro de la tierra’, se hubiera atrevido a soñar que su texto iba a tener un montaje tan extraordinario como este, aún teniendo que esperar tantos años para verlo, no le habría importado. Lo que puede verse en la sala que el CDN tiene en la misma plaza de Lavapiés es sencillamente inconmensurable, memorable, inmenso, sólido, definitivo.

Todos los dioses del teatro se han dado cita en este montaje con el que el CDN abre su temporada teatral en Madrid, porque tanto la dirección de Luque como la interpretación de los siete actores que ha elegido para el reparto, la escenografía (Mónica Boromello) como la iluminación (Juan Gómez Cornejo), la música (Luis Miguel Cobo) como el vestuario (Almudena Rodríguez Huertas), son sencillamente antológicos, y acaban levantando un verdadero monumento teatral, de esos que hay que ver varias veces para seguir profundizando en las diversas capas de lectura que contiene, todas igualmente sugerentes y atractivas.

Esta especie de thriller rural y poético -aunque lleno de fantasmas, tomates y violencia-, además del alemán ha sido ya traducido al francés, el italiano, el árabe y el inglés, y narra la vida que se esconde debajo de ese inmenso mar de plástico, los invernaderos, que cubre media provincia de Almería y en cuyo seno se esconde una de las problemáticas sociales más lacerantes de nuestro país, las condiciones de trabajo en las que se mueven los inmigrantes africanos y magrebíes, muchas veces cercanas a la explotación y a la semiesclavitud.

Realidad e irrealidad

Con todo, ‘Dentro de la tierra’ es más una obra próxima al simbolismo, llena de un lenguaje eminentemente poético que, en su trasfondo, aborda un tema social. La fábula comienza en el interior de un invernadero en el que se encuentran clandestinamente Farida (intensa y dulce Mina El Hammani), e Indalecio (sorprendente y magnífico Samy Khalil), que ya desde sus primeras palabras sugieren el misterio que esconde ese lugar; un misterio que apunta a experimentos con una nueva clase de tomates cuyas especificidades (cruces, abono, frecuencia de riego, etc.) no pueden conocerse. Al tiempo, la conversación pone al descubierto las extrañas y frecuentes desapariciones de inmigrantes en los invernaderos, muchas veces deportados a Europa, ocultos entre toneladas de tomates transportados en camiones.

Esas relaciones amorosas de Indalecio con Farida son descubiertas por José Antonio,uno de sus hermanos (brutal Raúl Prieto), a quien falta tiempo para comunicárselo a su padre (contundente Chete Lera), hombre gravemente enfermo como consecuencia de la constante inhalación de pesticidas en sus prósperos invernaderos, que ha decidido repartir sus propiedades entre sus tres hijos. El tercero de los hermanos, el mayor, Ángel (memorable Jorge Calvo), se pasa el día debajo de una higuera en la creencia de que allí va a poder curar las extrañas heridas que le produce una enfermedad que padece, y que no es capaz de sanar ni una anciana curandera (entrañable Julieta Serrano). Ante la prolongada ausencia de Farida, Indalecio pide a su amiga Mercedes una hippy que controla el mercado del hachís en la zona (fresca y divertida Pepa Rus), que la busque y ella averigua que la han subido en un camión con destino a Bélgica. Las cosas aún se tuercen más para Indalecio, porque su padre y su hermano mediano están convencidos de que sus comentarios y sus sospechas sobre lo que realmente ocurre allí, están haciendo undaño irreversible a los productos que comercializan.

Aunque la historia transcurre en nuestros días, Indalecio regresa con frecuencia a su pasado, en medio de pensamientos y ensoñaciones, que ayudan a completar el puzle en el que está envuelto este tenso y violento thriller que no permite al espectador rebajar la tensión y la atención ni un solo segundo en los noventa minutos de duración del espectáculo.

La búsqueda de uno mismo, el amor incondicional y apasionado, la relación con la tierra, la familia, las durísimas condiciones de trabajo en los invernaderos de La Huerta de Europa (así es como llama Bezerra al lugar donde se desarrolla la historia), la amistad, la ambición desmedida, la vivencia de la diferencia en un entorno rural (el padre trata de abortar cruelmente el amaneramiento y quizás la incipiente homosexualidad de Ángel), y muchos otros temas más aparecen en el montaje tratados con la sensibilidad de un poeta, de un escritor como Paco Bezerra, que sabe dar el valor justo a cada una de las palabras utilizadas en él.

La colosal escenografía de Mónica Boromello es un marco deslumbrante para una historia tan potente: un inmenso invernadero construido en un escenario ampliado y modificado en el Valle-Inclán, que ya es grande en sí mismo, lleno de tierra seca -probablemente traída desde la misma Almería-, en donde emergen milagrosamente una higuera, y unas cuantas tomateras situadas en los extremos del espacio dedicado al cultivo. Delante, y en primer término, un viejo aljibe situado junto a un almacén donde el padre encierra a Indalecio para hacerle pagar las sospechas que levanta en el pueblo. La iluminación de Gómez Cornejo subraya el dolor personal y social que inunda la historia contada, y la magnificencia de ese monumento del hombre a una tierra aparentemente estéril como la del desierto almeriense, convirtiéndolo por momentos en un palacio, una prisión o una catedral. Una historia que la música de Luis Miguel Cobo inunda de inquietud, y el vestuario de Almudena Rodríguez Huertas funde los colores tierra, azules y blancos de la tierra que vio nacer a Paco Bezerra.

 

‘Dentro de la tierra’

Texto: Paco Bezerra

Dirección: Luis Luque

Intérpretes: Jorge Calvo, Mina El Hammani, Samy Khalil, Chete Lera, Raúl Prieto, Pepa Rus y Julieta Serrano

Ayudante de dirección: Álvaro Lizarrondo

Diseño cartel: Javier Jaén

Fotografía: MarcosGpunto

Una producción del Centro Dramático Nacional

Teatro Valle-Inclán, Madrid

Hasta el 19 de noviembre de 2017