04 Oct

La ruta de don Quijote

Escrito por José-Miguel Vila
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'La ruta de don Quijote', un poético viaje por tierras manchegas a principios del siglo pasado

Fue el quién acuñó el término y es considerado como el máximo representante de la Generación del 98, movimiento literario que definió, conceptualizó y defendió. Hablo de Azorín, seudónimo de José Martínez Ruiz (1873-1967), ensayista, novelista, autor de teatro y crítico. Su prosa sencilla, precisa, lacónica, exacta no está de moda, es cierto, y eso que estamos en la era de Twitter, pero ¿quién dijo que la mayor o menor popularidad de un libro, de un autor, es el baremo de su auténtico valor? Seguramente un necio.

Eduardo Vasco ha adaptado y dirigido ‘La ruta de don Quijote’ de Azorín para que pueda verse en escena y los madrileños tenemos ahora la oportunidad de hacerlo en apenas 75 minutos y en el Teatro de la Abadía hasta el próximo 15 de octubre. Puede ser una estupenda oportunidad para redescubrir a ese Azorín que muchos no conocen más que a través de los textos académicos como uno de los autores integrantes de aquella generación de escritores de finales del XIX y principios dell XX cuya obra global es una buena muestra del quehacer de todo un grupo de intelectuales en una época de crisis de identidad nacional , al menos tan fuerte como la que estamos atravesando hoy en España.

En ‘La ruta de don Quijote’, un libro de viajes compuesto por quince crónicas que Azorín fue publicando en El Imparcial, y que luego reunió en este libro, , se relata su periplo por tierras manchegas siguiendo los pasos del personaje creado por Cervantes, el más universal de la literatura española. Y en el montaje de Vasco la figura de Azorín es encarnada por Arturo Querejeta, quién, partiendo de su pensión en Madrid en el año 1905 (el tercer centenario de la publicación de la primera parte del Quijote), , desvela, a través de encuentros, anécdotas y reflexiones vividas en tierras manchegas (Argamasilla, Puerto Lápice, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, las Lagunas de Ruidera…) , lo que considera el germen de la inmortal novela cervantina al tiempo que, con esa excusa, se acerca a la esencia de España y lo español.

Arturo Querejeta da en la función una cautivante lección de interpretación poniendo también cuerpo y voz a los numerosos personajes con quienes se topa el escritor en su camino y con quienes mantiene jugosos encuentros y conversaciones.

El lenguaje melancólico, poético y preciso a la vez de ‘La ruta de don Quijote’ puede, con esas descripciones del árido paisaje manchego y de sus recios personajes, sonar hoy como de tiempos pasados, pero es de una sonoridad exquisita y en boca de Querejeta alcanza una altura extraordinaria.

La puesta en escena de Vasco combina algunas imágenes del paisaje manchego sobreimpresionadas al fondo del escenario, poblado únicamente con unos cuantos enseres (mesas, sillas, perchero, etc.) con los que va jugando el actor para convertirlos sin esfuerzo en un coche, un carro tirado por mulas, un apretado departamento de un tren de tercera clase, o la pensión madrileña de la que parte y las numerosas habitaciones que el autor alicantino recorre en su viaje por tierras de La Mancha.

El montaje en sí mismo es una verdadera delicia pero si, además, sirve para redescubrkr a Azorín, miel sobre hojuelas porque sería el vehículo necesario para hacer con el escritor alicantino la justicia poética que, al menos en nuestros días, creo que dista mucho de alcanzar.

 

‘La ruta de don Quijote’

Texto: José Martínez Ruiz, Azorín

Adaptación y dirección: Eduardo Vasco

Intérprete: Arturo Querejeta

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 15 de octubre de 2017.