01 Oct

Froda, Freda y Frida (siempre es por papá)

Escrito por José-Miguel Vila
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'Froda, Freda y Frida (siempre es por papá)': un viaje a los tejidos más íntimos del teatro y de sus gentes

La rabia es una reacción humana que, con frecuencia, desemboca en la creatividad más fructífera. ¡Cuántas obras literarias nos habríamos perdido sin esa fuente inagotable de energía renovable y renovadora para hombres y mujeres! Actores y actrices -pongo por caso- están más que acostumbrados a vivir con ella. Constantes castings, pruebas, proyectos incumplidos, contratos basura, condiciones inadecuadas de trabajo (en el mejor de los casos), inseguridad laboral y otras mil formas de presiones externas e internas, son el origen de permanentes mosqueos, enfados, irritación, reconcomo, enojo, indignación y, por último, rabia… Una rabia irrefrenable, creciente, imparable, contra todo, contra todos.

Con toda seguridad ‘Froda, Freda y Frida (siempre es por papá)’, una comedia negra que ha podido verse desde el pasado mes de abril en el madrileño Teatro de las Aguas (en el número 8 de la calle que da nombre a la sala de teatro) es un producto genuino de la rabia acumulada durante varios años de experiencias personales en el oficio por Fedra Marcús, actriz de profesión, que ha escrito y también dirige este montaje que considero irrenunciable para quienes amamos el arte de Talía.

La función es de tal intensidad que me parece acertadísima la decisión de Fedra Marcús al dejar el protagonismo de las tablas a otra compañera de profesión, Victoria Radonic, soberbia en su papel (sus seis papeles, más bien…), en donde despliega una fuerza interpretativa extraordinaria en escena tan llena de vida, tan constante (los cambios de personaje son permanentes a lo lardo de más de 80 minutos de duración de la función), y tan instantáneos, que todo se convierte en una verdadera delicia que traduce el trabajo ímprobo, minucioso, detallista y riguroso de actriz y directora, no solo en los meses de ensayos previos, sino función tras función para seguir puliendo los mil y un gestos, movimientos e inflexiones de voz de la actriz argentina (Froda, Freda y Frida (siempre es por papá) tráiler oficial).

Una actriz que abandonó la juventud hace ya unos cuantos años, Froda, cuenta en primera persona sus permanentes vicisitudes, de todo tipo, a las que tiene que enfrentarse cada vez que aspira a obtener un papel. Los legítimos -y no tan legítimos...- intereses de directores, productores y empresarios afloran aquí con la misma fuerza que las carencias afectivas de la actriz, abandonada por un papá propenso a perseguir cualquier falda con tal de que no sea la de su mujer.

Froda padece un curioso desdoblamiento de personalidad, a través del cual se retratan los traumas personales, familiares y profesionales que la actriz lleva a cuestas desde hace muchos años. Las otras dos caras de su yo se revelan en Frida, una estrella frustrada de las tablas que cree tener el mundo a sus pies, (“soy Frida, simplemente Frida. Las estrellas de verdad, las auténticas divas no tenemos necesidad de apellidos…”), y en Freda, una especie de bruja u ogro que todos llevamos dentro que saca lo peor de sí misma a las primeras de cambio.

El Yo, el Ello y el Superyo en permanente conflicto interior y exterior a la hora de gestionar los conflictos en los que permanentemente nos mete la vida, esa es la segunda traducción de este montaje tan interesante para actores como para psicólogos, para profesionales del teatro como para espectadores habituales y esporádicos del mismo.

Fedra Marcús, con hábil, inteligente y punzante verbo, ha decidido salir por el camino del humor (¡negro, negrísimo...!) en lugar del que, probablemente, sea el de recorrido más común en estas circunstancias tan adversas, el de la depresión. La comedia no deja descansar ni un segundo al público que se acerca a ver el montaje, en un delicioso juego actoral entre luces y sonidos que ayudan a identificar –si es que las personalidades tan distintas no fueran ya razón suficiente para ello- en los variados momentos y situaciones que atraviesan los personajes.

La sencilla escenografía (apenas una mesa y un par de sillas) en donde la actriz revive sus recuerdos y situaciones (una prueba para obtener un papel, un viaje en metro, un nido de amor, una hamburguesería, etc.) son elementos suficientes para que el espectador quede envuelto en las distintas atmósferas creadas en el montaje. Con todo, el pequeño escenario del Teatro de las Aguas podría ser perfectamente sustituido por otro de tamaño considerablemente mayor y, con toda seguridad, el trabajo de la directora y más aún de la actriz, Victoria Radonic, brillará aún más porque sabrá mostrar sus grandes actitudes con mayor libertad. La oportunidad, por cierto, la van a tener dentro de unos días, en Aranjuez, en su Teatro Real, donde será verdaderamente interesante ver como una función como esta crece aún más, en las condiciones indicadas. Allí estaremos para comprobarlo porque este, desde luego, es uno de esos montajes que hay que ver más de una vez para multiplicar el goce y la admiración por un trabajo bien hecho.

 

‘Froda, Freda y Frida (siempre es por papá)’

Texto y dirección: Fedra Marcús Broncano

IntérpreteVictoria Radonic

Iluminación y sonido: Diego Conesa de la Torre

Cartel: Lara Díez Marcús

ProduceAltibajos Teatrales

Teatro de las Aguas, Madrid

Próxima función en Aranjuez (Teatro Real de Carlos III), 13 de octubre de 2017