09 Mar

He nacido para verte sonreír

Escrito por José-Miguel Vila
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'He nacido para verte sonreír': incomunicación, neurosis y conmoción

El nuevo y siempre esperado montaje de Pablo Messiez recala esta vez en La Abadía, ‘He nacido para verte sonreír’, del cineasta y dramaturgo argentino Santiago Loza. El espectáculo no solo no defrauda sino que, por el contrario, encandila, emociona, apasiona y subyuga. Con dos magníficos actores en escena, Isabel Ordaz y Nacho Sánchez, madre e hijo respectivamente, como únicos protagonistas de un montaje de 90 minutos en donde se disecciona la inmensa complejidad de las relaciones humanas aunque, al mismo tiempo, puedan reducirse a términos muy sencillos, en los que cualquiera alcanza a verse identificado fácilmente.

En España es la primera vez que sube a escena un texto de Santiago Loza, que en estos momentos se ha constituido en figura clave de la dramaturgia argentina, en donde se le reconoce por ser un maestro en retratar personajes femeninos, con todo su misterio, su complejidad y su extraordinaria delicadeza. Y ese aroma que se respira en el texto de Loza, Messiez ha sabido trasladarlo a las tablas en una verdadera lección de dirección de escena que marca tanto las intensas y quebradizas relaciones entre los dos personajes, madre e hijo, como el inexorable transcurso del tiempo - Miriam, la madre, está esperando la llegada del padre para trasladar juntos al chico a una clínica…-.

Isabel Ordaz y Nacho Sánchez cuajan dos interpretaciones magníficas, aunque de naturaleza muy distinta. Mientras ella, la Madre, desgrana con palabras sencillas pero profundas su estado de ánimo, que la tiene absolutamente perpleja, desgarrada (“Soy otra cosa que no sé”), por tener que separarse de un hijo ya adulto, pero absolutamente dependiente por su enfermedad mental. Se trata de una mujer sencilla, resignada, tradicional y tradicionalista (sus frecuentes referencias a la chica de servicio la delatan…), y con un gran complejo de culpa por verse abocada a tener que dejar a su hijo internado en una residencia especializada para enfermos mentales. Paralelamente, Nacho Sánchez, el Hijo, no dice ni una sola palabra a lo largo de la función y expresa sus estados de ánimo con lentas, lentísimas, transformaciones de su cuerpo y de su cara, emitiendo de vez en cuando respiraciones intensas, entrecortadas que, incluso, alguna vez se transforman también en lamento. Prodigiosa su interpretación, que sabrán muy bien apreciar quienes hayan convivido en algún momento con personas con discapacidad mental severa.

El férreo hermetismo del hijo, que por alguna desconocida razón lo ha instalado en el silencio desde hace tiempo, tiene sumida a su madre en un mar de dolor, de zozobra moral y neurótica que debe digerir sola, sin apoyo externo alguno. Esa relación tan dolorosa como intensa la tiene absolutamente pendiente de su hijo y, de alguna manera, no espera de él mucho más que una simple sonrisa que sea el signo primigenio y esperanzador de que es posible que algún día pueda salir de ese autismo radical y desesperante.

El bolero que suena al principio y al final del montaje (‘Sin ti…’) puede resumir con música esa sutileza, esa ligazón íntima y desesperada de dos seres humanos que se profesan el mayor amor del mundo y que, al mismo tiempo, sufren por no poder expresarlo en la misma onda, en la misma frecuencia, con los mismos acordes, con las mismas notas, y en el mismo tiempo. Son dos seres que sienten, padecen y quieren, pero que les resulta imposible sentirlo del otro, por mucho que íntimamente lo sepan. De alguna manera, en esa circunstancia se ven desdibujados los límites de la cordura y de la locura, y está tan magistralmente plasmada en el texto, en la escena y en la interpretación de estos dos grandísimos actores, que todo el equipo artístico dibuja una pieza en donde la fragilidad da paso a la incontenible emoción, y esta, a su vez, a la conmoción íntima del espectador.

La función, desde luego, es aconsejable únicamente para sensibilidades exquisitas, capaces de descubrir en los más pequeños gestos, las más intensas emociones. Absténganse, pues, quienes busquen la acción trepidante de un film americano porque aquí no la encontrarán.

 

‘He nacido para verte sonreír’

AutorSantiago Loza

DirecciónPablo Messiez

IntérpretesIsabel Ordaz y Nacho Sánchez

Escenografía y vestuarioElisa Sanz

IluminaciónPaloma Parra

SonidoNicolás Rodríguez

Ayudantes de dirección: Domingo Milesi y Andrea Delicado

Teatro de la Abadía, Madrid

Hasta el 19 de marzo de 2017