04 Sep

No sólo duelen los golpes

Escrito por José-Miguel Vila
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'No sólo duelen los golpes': el machismo ancestral, patente, subyacente y de camuflaje

No es oro todo lo que reluce. Eso lo sabe hasta el tonto del pueblo. Al machismo le pasa otro tanto. No solo son las secuelas fisiológicas sino que hay gestos, acciones, convenios sociales, que admitimos como algo natural cuando son más falsos que el zumo de naranja en tetrabrik, y que son el origen, el desencadenante de todo lo demás. Esta podría ser la esencia, el resumen de ‘No solo duelen los golpes’, un monólogo personal en el que Pamela Palenciano, autora y actriz, va contando situación tras situación, anécdota tras anécdota, durante hora y media ininterrumpida, de su peripecia vital entre los 12 y los 18 años. Fue con Antonio, su primer novio que, poco a poco, fue aislándola de su entorno social (amigos, colegas, compañeros…) y dando nuevas vueltas de tuerca a la violencia en su relación: “Poco a poco fui dejando de ser Pamela para convertirme en la novia de Antonio”...Y, ¡qué casualidad!, la suya es una historia paralela y universal de las distintas formas que adopta la violencia machista, independientemente del espacio y del tiempo que se quiera analizar. Desde el principio de los tiempos, se han ido construyendo estereotipos -incluso con la ayuda, la connivencia y la aceptación de las propias mujeres- que han propiciado la desigualdad que permite ejercer la violencia de una persona (generalmente el hombre) sobre otra persona (generalmente la mujer), en todos sus niveles.

Pamela Palenciano interactúa constantemente con el público, formulándole preguntas directas y compartiendo sus experiencias de mujer (el rol familiar y social, la adolescencia, los piropos, el tratamiento del asesinato de mujeres en los medios de comunicación…) y consigue que todos y cada uno de los espectadores se plantee el papel que desempeña en la perpetuación (ya sea por acción o por omisión) de esta situación de desigualdad entre ambos sexos. Y esa es una historia que no se acabó con nuestras abuelas o nuestras madres, sino que está demasiado viva en nuestro propio mundo, en pleno siglo XXI, aquí y ahora, y en los cinco continentes, aunque sea en distinto grado.La escenografía donde se sitúa el montaje es en medio de un parque frecuentado por pandillas de adolescentes para hacer botellón: un banco de madera, lleno de grafitis. La luz permanece fija prácticamente durante la hora y media de función. Pamela va con pantalón vaquero y camiseta negra (con el título de la obra impreso en ella) muy amplios. A ella, como a su novio, le gusta el break dance. Además de encubrir las formas femeninas, no hay que dar facilidades al contrario para que nunca sepa qué puede haber debajo del atuendo…En el monólogo, la actriz interpreta varios papeles de hombre (¡los borda!) y de mujer.

El de Antonio, su exnovio, que la violó, y le llegó a pegar palizas que la dejaban inconsciente. Una sudadera negra con capucha cubriéndole la cabeza es el único elemento al que recurre la actriz para adoptar la personalidad de su maltratador. Sus gestos faciales, su actitud corporal y, sobre todo, la voz y la energía que es capaz de irradiar, hacen de Pamela un chico violento con el que mejor sería no cruzarse en sitio alguno.Después de Antonio, se enamoró de Lolo, un buen chico, y antiguo compañero del pueblo. Con él, Pamela confiesa que se convirtió en Antonio, que adoptó con su nuevo novio la actitud que el primero tuvo con ella... Lolo, cuando decide dejarla, le dijo: “porque te quiero, te dejo. Me estás pasando factura de Antonio”.La situación en que Antonio puso a Pamela, cuando a los 18 años le dijo “o la carrera o yo”, acaso fue su tabla de salvación. Pamela decidió estudiar Comunicación Audiovisual y salir fuera de su pueblo (Andújar, Jaén). Luego, la vida la llevó hasta El Salvador, donde vive desde hace ya casi una decena de años, y conoció a su actual pareja, Iván, con quien tiene dos hijos. Cuando lo conoció, él le dijo que estaba en un estadio superior, el del macho, pero que iba a hacer todo lo posible por bajar “al estadio donde nos situamos las mujeres frente a los hombres, o los hijos frente a las madres…”.Pamela Palenciano -34 años, actriz y cinturón marrón de taekwondo- es andaluza y no lo disimula. Feminista y radical –feminazi, creí entenderle que la llaman algunos- pasea su historia por teatros e institutos.

El monólogo, lleno de fuerza, de humor y de emoción, no está dirigido especialmente a los adolescentes, pero les puede venir muy bien a ellos que todavía están a tiempo de cambiar actitudes, posturas y conductas y tratar de conseguir que la igualdad deje de ser un concepto abstracto para pasar a convertirse en una forma de vida.“Cuando un hombre maltrata a la madre de sus hijos, no puede ser un buen padre”. “El amor de verdad no duele…, el amor suma, no resta”, dice Pamela en algún momento del monólogo. Iván, el padre de sus hijas, le apostilla, haciendo alusión a un proverbio de sus ancestros mayas, que “cuando dos corazones están cerca, se hablan con susurros. Pero, si están lejos, tienen que gritarse porque no se escuchan”.Y con la música de Chambao, y la penetrante voz de La Mari, la emoción de la actriz se reparte profunda entre el público, que no puede permanecer ya ni un momento en la butaca y tiene que saltar para aplaudir el valor y la claridad de una mujer 10: Paloma Palenciano.‘No solo duelen los golpes’Textointerpretación, coreografía direcciónPamela PalencianoSonido y lucesLuis Felpeto Pamela PalencianoDirección acompañada de Luis Felpeto y Egly LarreynagaProductor: Iván LarreynagaTeatro del Barrio, Madrid4, 17,21 y 28 de septiembre de 2016