10 Feb

Verano en diciembre

Escrito por José-Miguel Vila
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'Verano en diciembre': retazos de vida familiar

Tres generaciones de mujeres de una misma familia (abuela, madre e hijas) son las protagonistas de ‘Verano en Diciembre’ de la dramaturga, directora y actriz Carolina África. El montaje ha subido ahora al escenario del Centro Dramático Nacional en el Teatro Valle-Inclán, aunque se estrenó en La Belloch en 2013, después de que su autora ganase el Premio Calderón de la Barca con esta misma obra en su edición de 2012.

La trama de ‘Verano en diciembre’ es muy cercana: la historia de una familia cualquiera -como la tuya o la mía-. En esta solo hay mujeres y entre ellas se teje una vida cotidiana llena de entrega, amor, tensiones, secretos, sueños, proyectos y fracasos. Lo mismo que sucede en casi todas las familias y de cualquier latitud de la tierra.

Una mesa de comedor preside el escenario (la escenografía corresponde a Almudena Mestre), donde se reúnen a comer la abuela, la madre y las tres hijas. Muy cerca de ella, un aparador y un sofá -el sitio favorito de las hermanas para compartir sus secretos más íntimos- son también testigos inertes de esos trocitos de vida con los que rápidamente se identifican todos los espectadores, de una u otra forma. El salón comedor es el propio de una casa sencilla, humilde, pero sin carencias esenciales. La mesa está cubierta con un hule lleno de dibujos de fresas que la abuela -ya con demencia senil- intenta coger con la cuchara a la hora de comer. Cuando las otras mujeres cambian el hule por un mantel, hace lo mismo con el dibujo del plato…

Lola Cordón es Martina, la entrañable y tierna abuela, una mujer con más de ocho décadas, cuya demencia la hace absolutamente dependiente de su hija y nietas. No para de tocare compulsiva y vehementemente el melanoma que tiene en la nariz, hasta agrandar la herida. Lleva 15 años en la silla de ruedas. No la quieren llevar a la residencia, aunque al final tendrán que hacerlo.

Pilar Manso es Teresa,su nuera, viuda reciente, una mujer generosa, muy religiosa, de misa diaria, en la que pide siempre a Dios por sus hijas que les vaya siempre bien. Y, como buena madre, quiere tener un control absoluto sobre la vida de sus hijas, lo que la convierte en una “metomentodo”. Mujer trabajadora -por las mañanas, en un colegio, por las tardes cuida de su suegra- corre la suerte de muchas madres, que han tenido la desgracia de preocuparse más de los demás que de sí misma: Ha cuidado ya de su madre, de su marido y ahora de su suegra. Su hija Carmen le dice que “no tienes vida y por eso te dedicas a dirigir la vida de los demás”.

Paloma (Almudena Mestre), es la hija pequeña. Tiene ya 31 años, es depresiva, acude al psicólogo, toma pastillas, no tiene sueños, le da miedo conducir, volar en avión, la muerte… Nadie está enamorado de ella, se ahoga en el presente, apenas ha estudiado y se dedica al cuidado de su abuela por las mañanas y por las tardes al de su sobrina Zoe, hija de su hermana Carmen.

Carolina África es Alicia, la más vital de las hermanas. Alegre, algo frívola y muy práctica, vive siempre el día a día. Reside en la sierra con su novio Marcos -“es demasiado bueno”, dice- pero se queda embarazada de un amigo y colega, Rodrigo, al que acaba de dejar. Es pintora de poco éxito, que se conformaría con vender de vez en cuando algún cuadro.

La tercera de las hijas es Carmen (Laura Cortón). Vive muy cerca de la casa de su madre, está casada y tiene una hija, Zoe, a la que lleva a la guardería por la mañana. Pero no es responsable ni con la familia que ha formado ni con su madre y hermanas. Va a comer con ellas y no colabora nada en las pequeñas o grandes tareas de la casa. Lo único que le preocupa es llevarse el tupper con los restosdel almuerzo. Parece feliz con su vida, viviendo el presente -esa es la felicidad para ella- comprándose ropa, y manejando compulsivamente el Iphone 6, jugando al fútbol e, incluso, teniendo aventuras lésbicas. Aunque dice ser vegetariana, no le hace ascos al jamón ibérico.

Los grandes y pequeños momentos de esas cinco mujeres componen el minucioso y cuidado cuadro realista que Carolina África ha constituido para relatar las relaciones cotidianas y complejas de esta familia que, por lo demás, tanto se parecen a las de cada uno de los espectadores que acuden a diario al CDN a compartirlas. Todo es cotidiano, sencillo, entrañable. Y las situaciones, como las olas de la mar en calma, fluyen tranquilas, inexorables, inevitables…

Si tuviera que quedarme con una sola de las escenas de ‘Verano en diciembre’ escogería esa en la que el escenario se transforma en un momento dado en otros 4 escenarios simultáneos, que nos brindan otros tantos cuadros de esta vida en familia: la madre, magnífica, en el proscenio rezando de rodillas en la iglesia, frente a los espectadores, rompiendo una vez más esa cuarta pared. Al mismo tiempo, en la casa, Alicia lava los pies a su abuela (encantadora estampa). Mientras, Paloma cuida de su sobrina y Carmen juega al fútbol en la parte de atrás. Las 4 escenas se desarrollan al tiempo y, además, repiten las mismas frases, que adquieren distintos significados en cada una de ellas…

Esta es una de esas piezas que adquieren un significado mayor a medida que el espectador, una vez terminada la función, reflexiona sobre todo lo vivido, lo relaciona y lo traslada a su propia vida para concluir que, como Paloma, hay un momento en nuestras vidas en que hay que lanzarse a volar para perseguir un verano allá donde esté (por ejemplo el de Argentina, en pleno diciembre, donde reside su otra hermana, Noelia), mirando siempre hacia adelante, porque “el pasado hay que mirarlo un segundo y por una ventana pequeña”. Y, acaso por eso mismo, el montaje termina con esa canción de Nancy Sinatra, ‘Estas botas están hechas para caminar’… Como la vida que rezuma ‘Verano en diciembre’.

‘Verano en Diciembre’

Texto y DirecciónCarolina África

RepartoLola CordónPilar MansoLaura CortónCarolina África yAlmudena Mestre

VestuarioVanessa Actif

Espacio sonoro: Nacho Bilbao

IluminaciónLa Belloch Teatro

ProducciónLa Belloch Teatro

Teatro Valle-Inclán, Madrid

Hasta el 21 de febrero