28 Sep

El arquitecto y el emperador de Asiria

Escrito por José-Miguel Vila
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‘El arquitecto y el emperador de Asiria’, un excelente montaje hispano-argentino sobre el clásico de Arrabal, en las Naves del Español

Un acuerdo firmado por los Ayuntamientos de Madrid y Buenos aires permite a los espectadores de uno y otro lado del Atlántico la posibilidad de asistir a montajes con equipos mixtos hispano-argentinos.

El primero de ellos puede verse estos días en la Sala Max Aub de las Naves del Español, en Matadero Madrid. Se trata de ‘El arquitecto y el emperador de Asiria’, deFernando Arrabal, dirigida por la argentina Corina Fiorillo, e interpretada por los actores españoles Fernando Albizu y Alberto Jiménez (ambos magníficos en sus papeles base -emperador y arquitecto, respectivamente- y en todos los adyacentes a los que la directora argentina ha situado también a los actores). Un montaje, por cierto, del más puro estilo Arrabal o, como diría Ionesco, con una clara “visión dramática de la realidad”. En junio de este mismo año estuvo en el Teatro San Martín de Buenos Aires y desde el pasado 23 se representa en las Naves del Español, donde permanecerá hasta el próximo 1 de noviembre.

Juan Carlos Pérez de la Fuente avanzó desde el primer día de su presencia al frente de la dirección artística del Español que, durante cada una de las temporadas que él permaneciese, al menos una obra de Fernando Arrabal iba a subir a alguno de los escenarios del teatro municipal madrileño. ‘El arquitecto y el emperador de Asiria’ es ya el tercero del periodo Pérez de la Fuente. La obra se estrenó en 1965, hace ahora exactamente medio siglo y, sin embargo parece que hubiera sido escrita el mes pasado y, probablemente, dentro de otros 50 años, o dentro de tres siglos, seguirá teniendo la misma vigencia. La fuerza de su palabra, de su acción, de los múltiples y esenciales temas que plantea la obra, le permite aparecer como absolutamente vigente. Los fantasmas del pasado, las frustraciones del hombre, sus anhelos, ambiciones, miedos, fracasos, sus culpas, sus sueños, sus pensamientos más ocultos y vergonzosos, el anhelo de poder, la violencia, la dominación… salen aquí a la luz, aunque siempre envueltos en un cocktail de surrealismo, violencia, absurdo, humor, poesía y provocación, que permiten al autor hispano-francés hablar siempre de lo divino y de lo humano, con la profundidad e inteligencia que siempre caracteriza a todo lo que hace.

Este, como apuntamos, es el tercer título del dramaturgo pánico que, en apenas año y medio, ha visto representadas tres de sus obras en los teatros municipales madrileños: antes, ‘Dalí versus Picasso’ y ‘Pingüinas’ (http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/teatro-espanol/pinguinas/fernando-arrabal/478115), y ahora ‘Elarquitecto y el emperador de Asiria’, una pieza escrita por Arrabal poco después de fundar conTopor y Jodorowsky el Grupo Pánico.

En 2016, y siguiendo con este mismo convenio entre los teatros bonaerenses y madrileños, y con motivo del 400 Aniversario de la muerte de Cervantes, se llevará a cabo la producción de ‘El cerco de Numancia’. El director del montaje será Juan Carlos Pérez de la Fuente, que contará con un equipo artístico español y un reparto compuesto por actores argentinos. El estreno, a lo largo de la temporada de 2016, en el Teatro Español.

Emperador Robinson

La historia comienza con una explosión inmensa que hace temblar toda la Sala Max Aub. Se trata de un accidente de avión del que parece imposible que nadie haya podido sobrevivir pero, sin embargo, una voz surge entre la sorpresa y el miedo, diciendo “¡Caballero, caballero, caballero…! ¡Soy el único superviviente del accidente!”. La escenografía -obra de Norberto Laino- pone el acento en la naturaleza, ya que el escenario aparece rodeado de claveles rojos, con un montón de hojas secas en el centro. En él hay también varios armarios roperos antiguos y baúles. Uno de ellos sirve de wáter.

El avión ha ido a caer sobre una isla habitada por otro hombre. Al primero de ellos le falta tiempo para autoproclamarse emperador del territorio descubierto en medio del océano. Y, aunque su inesperado compañero de aventuras y desventuras, no tiene ni idea de construcciones, ni nada que se le parezca, el todopoderoso emperador lo nombra “arquitecto del reino”, sencillamente porque le da la gana… A partir de ahí, y durante unos 100 minutos de representación, Fernando Albizu (el emperador) yAlberto Jiménez (el arquitecto), estupendos actores, dibujan sus personajes con la maestría y la pasión de quien asume a pies juntillas lo que representa en escena. Ambos adoptan, además, otras identidades (madre, hermano, perro, esposa, juez, criado…), con cambios bruscos de personalidad, que asumen con la mayor naturalidad, al tiempo que saltan, se desnudan, se ocultan o se transforman ante los atónitos ojos de los espectadores. Un verdadero prodigio de interpretación el de los dos actores, cuya sola presencia ya bastaría para aconsejar la asistencia a la obra.

La música original es de Rony Keselman y lailuminación de Soledad Ianni. Los dos personajes van estrambóticamente vestidos -el vestuario lo firma Gabriela A. Fernández- pantalones de chándal para ambos. El emperador, con un albornoz encima. El arquitecto con zapatos. En un momento de la obra, primero el emperador y más tarde el arquitecto se ponen un corsé... Y medias de rejilla.

Ambos personajes parecen buscar el conocimiento (la filosofía, la sabiduría o la justicia…), pero la sucesión implacable de lo inmediato, lo mezquino, se lo impide constantemente y, entre intento e intento, se suceden diálogos absurdos sobre Dios (“¿cómo he de hacer yo para redimir a la humanidad?”), el sexo, la muerte (“morir es un juego irreparable”…), la relación familiar, los sueños insatisfechos o los deseos prohibidos. Todo un plantel de temas arrabalianos que, como siempre, encandilan a los más adeptos seguidores, y ratifican entre sus detractores que el autor está más próximo a la locura que al genio (la obra termina proclamando en boca de uno de sus personajes: “¡Viva yo! ¡Mierda para los demás!”).

Equidistante de ‘El criticón’ de Gracián, el ‘Robinson Crusoe’ de Daniel Defoe, y los dos teoremas de Kurt Gödel, según confesión del propio Arrabal, ‘El arquitecto y el emperador de Asiria’ está preñado de surrealismo, de absurdo, de un humor ácido -muchas veces implacable- que, en ocasiones también, raya en la provocación, sobre todo en lo tocante a la religión católica, lo que hace evidente la dificultad de que una obra como esta pudiera representarse en la España de Franco sin los recortes de la censura del momento. Hoy, sin embargo, cualquier texto de Arrabal puede verse representado en su integridad, y con la libertad de creación que el autor siempre proclama, aunque sigue levantando la polémica entre el público. Pero, ¿acaso no es esa la última intención de todo texto teatral?

‘El arquitecto y el emperador de Asiria’, de Fernando Arrabal

Dirección: Corina Fiorillo

Intérpretes: Fernando Albizu y Alberto Jiménez

Sala Max Aub (Naves del Español. Matadero Madrid)

 

Hasta el 1 de noviembre.