05 May

Pingüinas

Escrito por José-Miguel Vila
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Provocadoras 'Pingüinas', de Fernando Arrabal, en Las Naves del Español

Se representa hasta el próximo 14 de junio en Las Naves del Español, 'Pingüinas', de Fernando Arrabal (1932), en la sala que lleva el nombre del dramaturgo de origen español y francés de adopción. La  singular obra de Arrabal cuenta con una agria crítica y, al mismo tiempo, con defensores entusiastas ("no sería quien soy si no fuera por ciertos de mis inolvidables comentadores", ha dicho el dramaturgo más de una vez), y con 'Pingüinas' no iba a ser menos...

En su ya dilatada historia como dramaturgo, Arrabal se ha manifestado sin ningún tipo de ambages como un explícito antifranquista (Baal Babilonia, 1959), un receloso del marxismo (Carta a los militantes comunistas españoles, 1978, Carta a Fidel Castro, 1983), un anarquista (La Virgen roja, 1987) y un pánico republicano (Carta al Rey de España, 1995), entre otras muchas  cosas y al mismo tiempo. Ahora, con 'Pingüinas', Arrabal se muestra quijotesco, cervantino, y tan arrabalesco como siempre.

A sus más de 80 años, Arrabal sigue siendo un dramaturgo rebelde, provocador, anticlerical, antimilitarista, irrespetuoso, libertario, violento, alocado y sorprendente. Ese es también el Arrabal de  'Pingüinas', un texto que ha escrito en torno al Quijote y a su autor, aprovechando que estamos en el Cuarto Centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote y a las puertas (será en 2016) de la conmemoración de la muerte de Miguel de Cervantes. 

Unas 'Pingüinas' que Juan Carlos Pérez de la Fuente ha cogido por los cuernos (en metáfora españolísima, que espero que apruebe el autor hispano-francés), para realizar un montaje soberbio, con una dirección de escena  ejemplar y 10 actrices moteras colosales, en especial las tres líderes del grupo sobre dos ruedas. Pingüinas, cervantinas, que giran libres e indefinidamente, como dervichas, con un pie anclado en la tierra y su cabeza en el universo: Ana Torrent, María Hervás y Marta Poveda. 

Con ellas, a rueda, como no podía ser de otra forma, Lara Grube, Ana Vayón, María Besant, Lola Baldrich, Alexandra Calvo, Badia Albayati y Sara Moraleda. Y también con ellas, junto a ellas, sobre ellas, Miguel Cazorla encarna al único personaje masculino del montaje, Miho, o lo que es lo mismo, Miguel de Cervantes, ese dios de las palabras en español de quien penden o  dependen (si no las dos cosas) y a quien están unidas todas las pingüinas por lazos de sangre o de aventuras.

 

Confusión

Desde el principio de la obra, se dan cita en ella todos los elementos   necesarios para que nadie se lleve a engaño: estamos en un universo   puramente arrabalesco, que funde la ciencia, la tecnología, la matemática o internet, con las gallinas, las gachas o la jota ('A la Mancha manchega, que hay mucho vino, mucho  pan, mucho queso, mucho tocino...'), es decir, el futuro y el pasado juntos y hasta revueltos en confusa y buscada locura. 

La escenografía de Emilio Valenzuela presenta en el centro una especie de torre tapada con una cortina gris sobre la que se proyectan audiovisuales (son de Joan Rodón y Emilio Valenzuela). Desde dentro, salen haces de luces que se proyectan en el suelo del escenario formando círculos y dibujos geométricos distintos (el  potente diseño de luces es de José Manuel Guerra) y sonidos inquietantes (la composición musical y el espacio sonoro son de Luis Miguel Cobo). A la derecha, un carromato con un gallo y varias gallinas dentro. En el carro hay inscripciones del tipo "tócame el bolo Mariano", que conviven en el tiempo con otras de tenor   absolutamente distinto: "el tiempo no tiene una existencia equilibrada" o "el techo circular indica la perfección del universo de Miho". Cuando se descubre la cortina, aparece una cosmonave medio destruida caída de la estratosfera. 

La locura está servida y, en medio de ella, surgen las 10 Pingüinas  -apropiadamente vestidas por Almudena Rodríguez Huertas- a lomos de  motos que en su parte delantera llevan cabezas de caballos, ciervos,... Ellas son mujeres lesbianas, tan arrabalescas como   cervantinas: la abuela, Torreblanca; la hermana monja, Luisa de Belén; la sobrina carnal, Constanza; la madre, Leonor; la tía paterna, María; la hermana mayor, Andrea; la hermana menor, Magdalena; la prima paterna, Martina; la esposa, Catalina y "la hija natural", Isabel.  

Todas ellas están en movimiento armónico permanente (Marta Carrasco ha dibujado  sus movimientos y la coreografía). Un totum revolutum que Pérez de la Fuente ha sabido manejar con   inteligencia y ritmo y que ha hecho del confuso texto de Arrabal todo un espectáculo, por otro lado, tan difícil de describir como  interesante de contemplar.

 

'Pingüinas', de Fernando Arrabal.  

Dirige Juan Carlos Pérez de la Fuente

 

En Las Naves del Español, hasta el 14 de junio.