14 Mar

El castigo sin venganza

Escrito por José-Miguel Vila
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"El castigo sin venganza", en estado puro, de la mano de RAKATá.

 

La Fundación Siglo de Oro (RAKATá), ha presentado estas últimas semanas en Madrid dos montajes paralelos de otras tantas obras de Lope de Vega en los Teatros del Canal. En concreto, han llevado a escena dos de las joyas literarias más importantes del teatro español de todos los tiempos: "El perro del hortelano" y "El castigo sin venganza", dos de las mejores obras del poeta, novelista y dramaturgo español de quien, cada vez que releemos o asistimos a un nuevo montaje de sus obras, creemos más que ajustado el apelativo con el que se le conoce: el Fénix de los ingenios.

La fecundidad literaria de Lope de Vega (1562-1635), es mucho más que impresionante, ya que escribió unas 1.500 obras teatrales (muchas de ellas perdidas). Pero mucho más que su prolífica pluma, hay que poner el acento en la altura literaria de la práctica totalidad de su producción. Más aún, la de estas dos obras que la compañía RAKATá se ha atrevido a llevar simultáneamente a la escena y con un plantel de extraordinarios y tan jóvenes como sobradamente preparados actores.

No pude asistir al montaje de "El perro del hortelano", aunque presumo que debió de estar a la altura de "El castigo sin venganza" porque la gran bondad de grupos como este es que todos los actores, a quienes da cobijo la compañía, alcanzan una altura y una homogeneidad que contribuyen, si cabe, a engrandecer todo lo que se decide llevar al público. En concreto, y en este caso, la dirección de Ernesto Arias ha hecho posible que la austeridad del montaje (apenas 6 columnas en el escenario), una iluminación correcta, nada espectacular, y una música elegida con tino para potenciar los estados de ánimo de los personajes en cada escena, no fueran más que el aditamento necesario para que brillase, sobre todo, lo que debía brillar: el texto, la palabra culta, refinada, sensible, erudita, apasionada y brillante del autor, de don Félix Lope de Vega y Carpio.

Este es, a mi juicio, el mayor acierto de la dirección del espectáculo, haber puesto el mayor énfasis en que los actores dieran en el clavo (y vive Dios, que lo han conseguido) al decir el verso de manera clara, con la intención justa en cada momento del espectáculo. Nombres como Alejandra Mayo (Casandra), Pablo Gómez-Pando (Conde Federico), Jesús Fuente (el Duque), Alejandro Saá (Batín), Alicia Garau (Aurora) y Elena González (Lucrecia), nos hacen albergar la esperanza de que hay escuela, hay seguridad de que las generaciones futuras seguirán pudiendo escuchar el verso de Lope de la mejor manera posible, con la sonoridad, la cadencia y el énfasis necesario para que cada idea, cada emoción, cada pensamiento se den en la medida justa en la palabra de cada actor.

Un acierto más, de la variada y rica programación de los Teatros del Canal, haber rescatado para las nuevas generaciones (la función del día 13 de marzo, fecha en la que pudimos asistir, estaba repleta de jóvenes) dos de las mejores obras deLope de Vega y, además, de la mano de una joven aunque experimentada compañía, RAKATá.