10 Mar

El viaje a ninguna parte

Escrito por José-Miguel Vila
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El veneno del teatro o "El viaje a ninguna parte"

 

Desde mediados de febrero pasado y hasta el próximo 6 de abril se representa en el Teatro Valle Inclán de Madrid, del Centro Dramático Nacional (CDN), la adaptación a la escena, en versión de Ignacio del Moral, de la novela de Fernando Fernán Gómez, 'El viaje a ninguna parte' (1985). El melodrama describe la penosa situación que vive una compañía de teatro en la postguerra española, justo en el momento en que el cinematógrafo empieza a ocupar un lugar preponderante en los hábitos de diversión del público español. La obra está llena de un humor teñido de cierta melancolía y amargura e impotencia ante la situación de cambio a la que, inevitablemente, se ve abocada la compañía ambulante de teatro Iniesta-Galván por tierras manchegas.

El drama del hambre, la pobreza, la miseria espiritual y material de los pueblos que recorre la pequeña compañía impregnan también a ésta, que se ve abocada a su disolución por la falta de futuro. La situación es vivida por el espectador durante los 90 minutos que dura la obra con verdadera pasión, a la que contribuye una puesta en escena contenida y brillante a la vez, una iluminación, música y efectos audiovisuales perfectos y un vestuario adecuado, y una interpretación homogénea y eficaz de Amparo Fernández, Antonio Gil, Andrés Herrera, Olivia Molina, José Ángel Navarro, Tamar Novas, Miguel Rellán y Camila Viyuela. Y todo ello manejado con una dirección escénica ejemplar, de Carol López, que rige cuanto sucede en el escenario con una precisión de una orquesta sinfónica, que permite el disfrute al espectador desde el primer al último minuto de la representación.

La novela del escritor, actor, director y académico Fernán Gómez, verdadero referente tanto en el teatro como en el cine durante la segunda mitad del siglo XX en España, fue llevada también por él mismo a la gran pantalla en 1986, un año después de su publicación y, aunque en los tres formatos, el drama obviamente es idéntico, es quizás en este medio, el teatro, donde adquiere una fuerza mayor. Teatro dentro del teatro, veneno dentro del veneno, parafraseando la afirmación de Carlos cuando intenta explicar a su hijo Carlitos, fruto de un desliz de juventud, del que se ha desentendido casi totalmente desde que naciera hace 17 años, y que, ahora, de pronto, aparece de nuevo en su vida por arte de magia, como un espíritu resucitado venido desde Galicia.

El viaje a ninguna parte es -en palabras de Ignacio del Moral- una crónica del cambio de los tiempos, de la desaparición de una forma de ejercer la profesión del teatro, ese oficio "poblado por unos personajes, medio artistas, medio pícaros, que aman y odian su oficio a partes iguales".

Los diversos ambientes (plazas, cafés, pensiones, campos...) en donde se desarrolla la acción son resueltos de manera ágil y simple por el director de la obra con decorados y retroproyecciones que sitúan fácilmente al espectador en los distintos ambientes en donde discurren los acontecimientos dramáticos. Cuestión esta que supongo no habría sido nada fácil de identificar para un buen número de espectadores ciegos o con discapacidad visual y auditiva que acudieron también a la representación el día 6 de marzo y que un eficaz sistema de subtitulado (para sordos) y audiodescripción de esta y otras circunstancias que sucedían en escena, dieron buena cuenta desde Apten y la Fundación Vodafone que, desde hace ya algún tiempo, ponen este servicio de ayuda tanto en el CDN, como en otros teatros madrileños, de forma gratuita para todos los espectadores que lo necesitan, durante unas cuantas funciones de cada obra.

En resumen, una obra imprescindible para quienes pasen por Madrid si no quieren dejar de ver buen teatro.